VIII DOMINGO DE PASCUA

PENTECOSTÉS

1ra lectura: Hechos 2, 1-11

Salmo responsorial: 103

2da lectura: 1 Corintios 12, 3-7. 12-13

Evangelio: Juan 20, 19-23

          Celebramos la venida del Espíritu Santo sobre el grupo de los apóstoles y María. Este acontecimiento marca el comienzo formal de la Iglesia. A impulso del Espíritu la Iglesia comienza a remar mar adentro, ha comenzado su trabajo en medio de la diversidad de lenguas, se percibe ya su misión universal. Esta vez la diversidad de lenguas no es un obstáculo para edificar, como en la torre de Babel, ahora con el poder del Espíritu “…los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua”.

 

           El Espíritu es el que armoniza todas las partes del cuerpo vivo que es Cristo y las direcciona para el bien de unas y otras: “En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”. Sin la presencia del Espíritu todo es mustio y no hay sal para el sabor, no hay dones o talentes que enriquezcan el cuerpo vivo que es Cristo.

 

             Esta celebración es un llamado serio y formal a cada uno de los que se proclaman cristianos a que abran su corazón y dispongan sus voluntades para que el Espíritu actúe y lo transforme todo. En la medida que el hombre sea dócil y permita que el Espíritu actúe en su vida el deseo de Jesús “Paz a vosotros” se hará realidad.

 

¡VEN ESPÍRITU SANTO, LLENA LOS CORAZONES DE TUS FIELES Y ENCIENDE EN ELLOS EL FUEGO DE TU AMOR!



VII DOMINGO DE PASCUA

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

1ra lectura: Hechos 1, 1-11

Salmo responsorial: 46

2da lectura: Efesiós 1, 17-23

Evangelio: Mateo 28, 16-20

          Este acontecimiento marca una nueva etapa para la Iglesia naciente. La presencia del Señor es real pero de forma diferente a como estaban acostumbrados. La fe, con la  fuerza del Espíritu, será lo que les mueva para proclamarle  por el mundo entero. La misión encomendada de irradiar su palabra y hacer discípulos suyos a todo hombre es ardua y aparentemente imposible, pero “…sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Desde aquel entonces estas han sido las palabras que han movido a la Iglesia para las grandes jornadas evangelizadoras emprendidas por Pablo y los demás apóstoles. Estas han sido las palabras que han movido el corazón de tantos misioneros quienes han dado su vida por llevar la Palabra y proclamar que Jesús es el Señor, estas son palabras que han fecundado el corazón de tantos mártires en la historia.

          La Resurrección y la Ascensión del Señor constituyen la mejor prueba para afirmar que la muerte es sólo un paso para llegar a la auténtica vida: “Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo…” Si Cristo resucitó, entonces, todo hombre resucitará, ojalá para la vida eterna en Él.

        La fiesta de la Ascensión del Señor es la manifestación del gozo de la Iglesia por la exaltación de su Cabeza, y la esperanza que algún día el cuerpo peregrino se una a su cabeza en el cielo. La oración colecta de este domingo así lo expresa: “Concédenos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo”.

 

SEÑOR, TU ASCENSIÓN ES LA SEGURIDAD DE MI TRIUNFO.



VI DOMINGO DE PASCUA

1ra lectura: Hechos 8,5-8.14-17

Salmo responsorial: 65

2da lectura: 1 Pedro 3,15-18

Evangelio: Juan 14, 15-21

          Cristo promete a su Iglesia nunca desampararla, y anuncia el envío del Defensor. Este es el Espíritu Santo, el que hará presente, en lo sucesivo, a Cristo en el mundo. La acción del Espíritu es fundamental para dar respuesta a la llamada de Cristo, él es el que incita a cumplir los mandamientos del Maestro y así, poco a poco, con los que le aman ir construyendo su comunidad, que ya se nota desborda límites territoriales.

        Los apóstoles y las primeras comunidades cristianas tuvieron muy claro la acción del Espíritu sobre la Iglesia. Sin este, incluso, la palabra y el bautismo sólo en el nombre de Jesús no fueron suficientes. De allí la importancia de la costumbre apostólica de la imposición de manos.

            La práctica cotidiana pareciera desconocer esta maravillosa realidad del Espíritu en la iglesia. ¿Cuantas veces se toman decisiones guiados por esquemas e intereses particulares, incluso a nivel de Iglesia, y no por inspiración divina? ¿Cuántos vivos están muertos por no tener al Espíritu de vida?

 

SEÑOR, QUE TU ESPÍRITU INUNDE NUESTROS CORAZONES.



V DOMINGO DE PASCUA

1ra lectura: Hechos 6, 1-7

Salmo responsorial: 32

2da lectura: 1 Pedro 2, 4-9

Evangelio: Juan 14, 1-12

          Al cuidado de Cristo resucitado la Iglesia primitiva crece y fue necesidad comenzar a dividir tareas. Sólo así, cada uno con sus talentos y carismas, como piedras vivas, fueron construyendo el templo del Espíritu. Así, paso a paso, se comienza a vislumbrar una organización rudimentaria que con el tiempo crecerá para sostener toda una estructura llamada a extenderse por  el orbe. En ese proceso de crecimiento y expansión la Iglesia tuvo que afrontar adversidades, situaciones que antes de dañarla la fortalecieron, y en las que pudo experimentar la cercanía y las palabras de su Maestro: “…No pierdan la calma, creed en Dios y creed también en mí”.

 

          Todo hombre que se proclame cristiano debe tener la mirada puesta en el Señor y en los bienes que él promete puesto que constituyen la patria definitiva, sin descuidar los bienes pasajeros que son necesarios para la vida terrena: “Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros”. El hombre de hoy tiene un problema serio: haber desconocido a Cristo como el único camino para la felicidad, al construir trochas engañosas que lo desubican y esclavizan: “Yo soy el camino, y la vedad, y la vida. Nadie va al Padre sino por mí”.  El hombre moderno construye sin Dios, por los caminos que él considera.

 

SEÑOR, QUE SIEMPRE CAMINE POR TUS SENDAS.



IV DOMINGO DE PASCUA

1ra lectura: Hechos 2, 14.36-41

Salmo responsorial: 22

2da lectura: 1 Pedro 2,20-25

Evangelio: Juan 10, 1-10

          Cristo resucitado es el Señor y como Señor es el modelo y guía para todo aquel que se proclama cristiano. La imagen que presenta la liturgia este domingo es la del Pastor, un pastor que cuida y protege, un pastor cercano, y sobre todo buscado y seguido por las ovejas. Pero no se trata de un simple pastor que reúne las mejores características. Este Pastor es especial, puesto que es el único que entra por la única puerta del redil y, es más, él es la puerta. Como él no hay otro, por muy bueno que sea: “Yo soy la puerta: quien entre por mí, se salvará, y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”. Y lo grave es que todos los que han llegado antes de él son ladrones y bandidos, e incluso los que lleguen después. Sólo en él se tendrá pastos abundantes: “…yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”.

       ¿Qué objeciones tendrán aquellos que se constituyen señores de sí mismos y han construido su propio redil? ¿Qué dirán aquellos que proclaman su propia moral y entran por su propia puerta? ¿A qué otras canastas caerán aquellos que se consideran liberados de oscurantismos? Si Cristo no es el Pastor y la Puerta del Redil otro “señor” estará en ese lugar cuyo interés no serán las ovejas. El mundo de hoy está plagado de ideologías, modas, sectas, corrientes filosóficas, etc. que exigen obediencia y sumisión con la amenaza de considerar “intolerante” a todo aquel que las rechaza. Definitivamente tú Señor eres el buen Pastor y la puerta del Redil.

SEÑOR, QUE TU SEAS LA ÚNICA PUERTA QUE SOLUCIONE MIS PROBLEMAS



III DOMINGO DE PASCUA

1ra lectura: Hechos 2, 14.22-33

Salmo responsorial: 15

2da lectura: 1 Pedro 1,17-21

Evangelio: Lucas 24,13-35

            Estos dos discípulos no acaban de entender el final de la vida de Jesús, y por supuesto, menos la realidad de la resurrección. Su desconcierto les lleva al pesimismo y la dejadez a tal punto de ganarse el regaño de Jesús: “¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? La razón sólo responde a  lo que los sentidos le brindan, y muchos se quedan sólo en ellos. La fe va más allá de lo que captan los sentidos y da seguridad para enfrentar los nuevos retos. La escucha a la Palabra del Señor  abre los ojos del corazón y le mueve a no dejarle para luego ser dóciles movidos por la fe. El pasaje de los discípulos de Emaús demuestra que Jesús nunca abandona a los suyos y que sin violentarles se hace el encontradizo y les llama para un encuentro personal que transforma la vida. Sólo el que tuvo esa experiencia podrá pregonar sin temor la buena noticia de Cristo resucitado: “Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”. Esta es también la experiencia de Pedro y sus compañeros, que de temerosos luego fueron poderosos: “Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús nazareno, el hombre que Dios acreditó entre vosotros…”.

 SI CRISTO VIVE, NO TIENE CABIDA LA TRISTEZA



II DOMINGO DE PASCUA

1ra lectura: Hechos 2, 42-47

Salmo responsorial: 117

2da lectura: 1 Pedro 1,3-9

Evangelio: Juan 20, 19-31

          Cristo resucitado es el que armoniza la comunidad de los creyentes. Aunque los Hechos de los Apóstoles nos presentan una comunidad casi perfecta, las desavenencias e incomprensiones no faltarán y estas no pueden ser motivo de desgano cuanto sí de seguir luchando para hacer visible la presencia de Cristo en dicha comunidad. Él está siempre presente en todo grupo que le proclama como Señor, la actitud personal es fundamental para poder verle. El caso de Tomás ejemplifica la desconfianza en la comunidad y, en el fondo, en las palabras del mismo Jesús lo que lleva directamente a la incredulidad. Esta es la postura de tantos que caminan de espaldas a su comunidad, la Iglesia, y que a la larga terminan construyendo un “cristo” fotocopia del verdadero que sólo la Iglesia puede presentar. El intento de venerar un “cristo” que sólo la razón presenta es negar la esencia del mismo Cristo: “…no seas incrédulo, sino creyente…Dichosos los que crean sin haber visto”.

          La Iglesia y todo hombre que proclame a Cristo resucitado deben irradiar alegría y paz,  estos deben oxigenar al mundo colmado del monóxido de ideologías baratas, mercantilismo, y la indiferencia a los principios y valores.

¿TE ARRIESGAS A LLEVAR LA ANTORCHA DE CRISTO RESUCITADO?



I DOMINGO DE PASCUA

DOMINGO DE PASCUAL DE LA RESURRECIÓN DEL SEÑOR

1ra lectura: Hechos 10, 14a.37-43

Salmo responsorial: 117

2da lectura: Colosenses 3, 1-4

Evangelio: Juan 20, 1-9

          La resurrección del Señor no estaba en los planes de los apóstoles. Esto explica el desánimo y el temor de aquellos que apostaron por él y que ya no lo tenían. Fueron tantas veces que Jesús les explicó esta realidad pero, no acabaron de entender. María Magdalena, Pedro y Juan no asimilaban la realidad de la tumba vacía, estaban sorprendidos y confundidos ante semejante situación. Es en ese contexto donde la razón al ver y el creer se abrazan y surge una luz que transformará la historia de la humanidad. Es allí donde entendieron “…que él había de resucitar de entre los muertos”. Este acontecimiento marcó una nueva etapa en la que ya no hay razón para temer, él está vivo, los suyos ya no están solos, su mensaje sigue vigente. La resurrección de Cristo es el motor que sustenta al nuevo hombre insertado en él. Este nuevo hombre ha dejado de lado las vendas que usan los muertos y los bienes terrenos para fijar su mirada en los de arriba, este se ha convertido en la nueva levadura que debe fermentar  la sociedad.  Para el que resucitó con Cristo ya nada en este mundo es absoluto, y lo relativo del mundo en el que se vive siempre debe ser camino a la plenitud.

 

 ¡EL SEÑOR RESUCITÓ! ¡RESUCITEMOS CON ÉL!