XXXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

1ra lectura: Ezequiel 34, 11-12.15-17

Salmo responsorial: 22

2da lectura: 1Corintios 15, 20-26.28

Evangelio: Mateo 25, 31-46

          Con la solemnidad de “Jesucristo rey del Universo” se concluye este año litúrgico. Termina el ciclo A con las lecturas dominicales del evangelio de San Mateo y comienza el ciclo B con las lecturas del evangelio de San Marcos.  Durante todo el año litúrgico la Iglesia meditó y se alimentó del misterio de la vida de Jesús y de su predicación anunciando el Reino de Dios.

 

          Con esta celebración la Iglesia invita a la feligresía a tomar conciencia de lo que tendría que ser y el sitial que debería tener Jesucristo en la vida de todo creyente. Es difícil no proclamar verbalmente a Jesucristo como Rey; ¡cuanta gente lo hace! y sin saber lo que dice. Son los hechos concretos de la vida y las preferencias particulares los que definen si Cristo es de verdad “Rey” en la vida de cada uno. Si Cristo reina en el corazón de cada persona definitivamente que reinará en la sociedad. Es lamentable que esta sociedad que se proclama cristiana en su inmensa mayoría se viva situaciones de violencia, delincuencia y corrupción. Esto demuestra un cristianismo barato, postizo y sentimental.

 

           “El reinado de Jesucristo” es modelo para todo aquel que quiera reinar a su estilo, es decir en el servicio a los más débiles y necesitados. Para Jesucristo el sinónimo de “reinar” es “servir”.  Por eso la lectura del evangelio resalta: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis". Queda claro que la evaluación final de la vida estará basada en los actos que se realizaron consecuencia del reinado de Cristo en la vida de cada uno.

 

SEÑOR, QUE MI VIDA REFLEJE TU REINADO EN MI CORAZÓN.



XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Proverbios 31, 10-13.19-20.30-31

Salmo responsorial: 127

2da lectura: 1Tesalonicenses 5, 1-6

Evangelio: Mateo 25, 14-30

La parábola de los talentos es una guía acertada para descubrir la riqueza de cada ser humano. Es una radiografía no solo de los dones y talentos de cada persona sino que descubre el don y talento que cada uno es para los demás. El darse a los demás genera el enriquecimiento mutuo puesto que tanto el que da como el que recibe crecen y se fortalecen, y los talentos se multiplican. El problema está que muchas personas desconocen lo que son y no se valoran, y claro, nunca se ofrecen a sí mismos como regalo para los demás. O, lo que se da con frecuencia, que la persona sabe lo que tiene pero, se conforma con ello y así forma parte de aquellos que devolvieron el talento tal y conforme lo recibieron. Más que comenzar a contar y anotar los talentos propios y ajenos, el primer paso tendría que ser “valorarse como talento”. El paso siguiente sería brindarse a los demás y así, en el transcurso de este paso, poco a poco, se irían descubriendo las riquezas que Dios regala a  manos llenas a cada uno de sus hijos. Nadie puede brindar algo que tiene sin primero tener la disposición de brindarse así mismo, y es dando como se va descubriendo todo lo que se tiene. Esta parábola es como un termómetro que indica cómo va el equilibrio de la autoestima puesto que en la medida que la persona descubre la riqueza que guarda como regalo de Dios se ama y se valora, y puede valorar a los demás.  Sólo aquella persona que sabe quién es tiene la capacidad de valorarse y valorar a los demás.

 

SEÑOR JESÚS, DAME LA SABIDURÍA  NECESARIA PARA DESCUBRIR LA RIQUEZA QUE TÚ MISMO HAS PUESTO EN MI CORAZÓN, Y ASÍ PODERLA BRINDAR.



XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Sabiduría 6, 12-16

Salmo responsorial: 62

2da lectura: 1Tesalonicenses 4, 13-18

Evangelio: Mateo 25, 1-13

                Esta, 12-16 parábola nos invita a estar siempre preparados para un encuentro con el Señor. Él está presente en cada acontecimiento de la vida y nos llama para mirarle e identificarle con la ayuda de la lámpara alimentada con el aceite de la fe y la esperanza. La persona sabia es aquella que iluminada por su lámpara camina por la senda que el Señor ha marcado aunque todo pareciera oscuro. El encuentro con el Señor es cotidiano pero también puede ser el definitivo. En ambos casos el encuentro siempre es trascendental. El encuentro cotidiano debe prepararnos para el definitivo.  Es penoso ver la dejadez y la imprudencia de tantos que viven como si Dios no existiera, como si nunca fueran a tener un encuentro definitivo con él. Las prioridades de estas personas no tienen nada que ver con lo único que cuenta para la vida verdadera en la eternidad. Cuando falta el combustible de la fe y la esperanza las lámparas se apagarán y así cualquier cosa ocupará el sitial del Señor.

 

SEÑOR TÚ ME HAS REGALADO EL DON DE LA FE Y LA ESPERANZA EN EL BAUTISMO. AYÚDAME A CULTIVARLAS PARA QUE MI LÁMPARA PERMANEZCA SIEMPRE ENCENDIDA Y PUEDA RECIBIRTE CUANDO TÚ DECIDAS MI PARTIDA.



XXXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Malaquías 1, 14-2,2.8-10

Salmo responsorial: 130

2da lectura: 1Tesalonicenses 2,7-9.13

Evangelio: Mateo 23, 1-12

               “Hagan lo que ellos digan, pero no hagan lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen” es la llamada de atención del Señor a los que llevan sobre sí la responsabilidad de dirigir un grupo humano. Es una clara invitación a llevar una vida coherente que exprese con los hechos lo que se proclama con los labios. Y es lógico, ¿Con qué autoridad moral se puede ser dirigente si esta persona vive igual o peor que la dirigida? Jesús no desautoriza a la autoridad antes bien la respalda, pero con la exigencia de ser coherente y, además, humilde y servicial. La autoridad corre el riesgo de olvidar su papel mediador y de ayuda para convertirse en fin y en dictadura.  Grave problema para la iglesia si se trata de una autoridad religiosa o para el país si es una autoridad civil. El texto del evangelio es aplicable perfectamente a los padres en el hogar, a un gerente en su empresa, a los gobernantes de un país, y en general a todo aquel que intente servir desde el lugar que está. Cristo es el paradigma de autoridad, solo en él es posible: “ El primero entre ustedes será su servidor”.

 

SEÑOR DAME SABIDURÍA PARA SERVIR COMO TÚ LO PIDES.



XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Éxodo 22, 20-26

Salmo responsorial: 17

2da lectura: 1Tesalonicenses 1, 5-10

Evangelio: Mateo 22, 34-40

               En una de las misas que celebré en el campo, el sábado por la tarde, misa dominical, comencé la homilía pidiendo una moneda. Varios hicieron ademán de sacarla pero, yo me adelanté y dije: “Que tenga una sola cara” y claro, esto generó risa porque las monedas siempre tienen dos caras (cara y sello). Esto fue muy sencillo para explicar que el “amor a Dios por sobre todas las cosas” y “el amor al prójimo como a uno mismo” conforman una sola moneda. Nadie puede partir este mandamiento. Y digo “este mandamiento”, en singular, porque así lo ha querido el Señor. A él le preguntan “¿Cuál es el mandamiento más importante?” y el responde con dos. Y es que no tiene sentido el amor a Dios e ignorar a aquel por quien él mismo Dios dio la vida y lo nombró como así mismo: “Todo lo que hagas a uno de estos, mis humildes hermanos, me lo haces a mí”. Es contradictorio amar a Dios y aborrecer a Dios en los demás.  Esto refleja un divorcio entre la fe que se profesa y la vida cotidiana que se lleva. Hoy el Señor llama a tener una vida coherente.

 

SEÑOR QUE NUNCA PIERDA LA MONEDA DE LA FELICIDAD: QUE TE AME A TÍ POR SOBRE TODO Y A MI PRÓJIMO COMO A MÍ MISMO.



XXIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 45, 1. 4-6

Salmo responsorial: 95

2da lectura: 1Tesalonicenses 1, 1-5b

Evangelio: Mateo 22, 15-21

               Parecía no haber escape a la pregunta: ¿Se paga o no se paga el impuesto? La respuesta “si” o “no” traería consecuencias adversas para Jesús. Pero, allí va la respuesta que escapa  a todo pronóstico: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Vaya llamada de atención para los evasores de impuestos. Esta situación expresa egoísmo y la padece todo país. Pero, para los cristianos el asuntó va más allá. ¿En verdad se le da al César o a Dios lo que les corresponde? o ¿hay trampa e injusticia en el reparto? Con frecuencia se le roba a Dios para darle al César. Por ejemplo, respecto al tiempo. Sucede que hay tiempo para todo, hasta para despilfarrar, pero para Dios, por lo general, no hay tiempo: Estoy estudiando, estoy trabajando, voy a recibir una visita, etc.  Pareciera que Dios no está en la lista de prioridades dela vida, aunque se le proclame como lo más importante. Llama la atención que siendo Dios el dueño del tiempo simplemente pida lo que le corresponde, pues todo tendría que ser de él. Pero, ¡Qué respeto por cada persona! Él simplemente pide lo que le toca. Así como las actividades cotidianas exigen tiempo Dios también lo exige y con todo el derecho que le corresponde. Todo tiene un sitial pero Dios debe tenerlo por encima de todo. Si se da a Dios lo que corresponde siempre quedará para lo demás, si las cosas van a la inversa de seguro que siempre faltará tiempo para todo. Esto es regla de vida.

 

SEÑOR, QUE EN MI LISTA DE PRIORIDADES NUNCA FALTES TU.



XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 25, 6-10

Salmo responsorial: 22

2da lectura: Filipenses 4, 12-14.19-20

Evangelio: Mateo 22, 1-14

             Y seguimos con las parábolas que nos ilustran el Reino de los Cielos. El evangelio de este domingo nos presenta a un personaje importante que celebra la boda de su hijo. Hace dos invitaciones. La primera, especialmente para los íntimos, los allegados y conocidos, los que, se supone, no pueden faltar a tan gran acontecimiento. Este personaje importante, el rey, pensó en ellos al momento de la fiesta, y la organizó con todos los detalles para engreírlos, y varias veces les cursó invitación con mensajeros.  Pero, ¡oh sorpresa!, todos se justifican e informan que no pueden asistir. Aquí surge la segunda invitación: “Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encuentren convidadlos a la boda”. Por su puesto, que el salón de recepciones se llenó. Pero, alguno de los presentes no tenía traje de fiesta, y fue expulsado. El rey es el Padre, el hijo Cristo, los invitados todos nosotros, el traje de gala el estado de gracia, las tinieblas la vida eterna sin Dios. Ahora las preguntas del apagón: ¿En cuál de los dos grupos de invitados te ubicas tú? ¿Qué te cuesta abandonar para acudir a la invitación del Señor? ¿En tu lista de prioridades estará responder a la invitación del Señor? ¿Cuál es el traje que te distingue? ¿Te consideras llamado por el Señor? ¿Te consideras uno de los escogidos? Todo hombre es llamado a formar parte del Reino de los Cielos, pero no todos responden debido a sus múltiples prioridades en las que no está Cristo. En realidad uno mismo, movido por la gracia de Dios, es el que elige el banquete o se priva del mismo. En ambos casos las consecuencias no se hacen esperar.

 

SEÑOR, AYÚDAME A ORGANIZARME DE MODO QUE TÚ SEAS LA PRIORIDAD EN MI VIDA.



XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 5, 1-7

Salmo responsorial: 79

2da lectura: Filipenses 4, 6-9

Evangelio: Mateo 21, 33-43

            Los agricultores siembran con gozo porque piensan en la cosecha. Se esmeran en preparar el campo y gastan en remedios y todo aquello que hará más productivo su esfuerzo. Vaya desilusión y tristeza cuando las cosas no salen como se pensaron: ¡Tanto esfuerzo para nada! Esta es la experiencia de Dios con su pueblo. El pueblo de Israel fue la niña de sus ojos, fue su  elegido al que cuidó con esmero y dedicación, pero le falló. Este pueblo prefirió otras costumbres y estilos de vida, se amoldó a propuestas ajenas y extrañas que le confundieron y cegaron. Esta es la experiencia de Dios, también, con su Iglesia a quien cuida y guía y que tantas veces le niega con el proceder de algunas de sus autoridades y con el mal comportamiento de muchos de sus miembros. Y, cómo no, es la experiencia que tiene con cada hombre, hechura de sus manos. Cada persona es algo especial para él, es motivo de ilusión y gozo, le adorna con talentos, y le provee de todo lo necesario para ser feliz y así pueda producir el ciento por uno, pero, tantas veces la respuesta es opuesta diametralmente a lo que el Señor espera. La paciencia de Dios es infinita, él siempre espera el retorno, pero ¿Hasta cuándo?

          ¿Será posible que algún día el Señor desconozca a su pueblo? ¿Será posible que el Reino le sea quitado para dárselo a otro que produzca los frutos a su tiempo? ¿Estoy produciendo el porcentaje que debo acorde a todo lo que recibo?

 

SEÑOR, AYÚDAME A CAMINAR EN TU PRESENCIA Y QUE, A PESAR DE MIS CAÍDAS PUEDA IR POR EL CAMINO QUE TÚ HAS TRAZADO. QUE AL FINAL DE LA VIDA PUEDA DECIR “MISIÓN CUMPLIDA” EN LA TAREA ENCOMENDADA. 



XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Ezequiel 18, 25-28

Salmo responsorial: 24

2da lectura: Filipenses 2, 1-11

Evangelio: Mateo 21, 28-32

               Lo que cuentan son los hechos, no las palabras. Las palabras pueden decir algo pero, la vida dice otra. Uno de los hijos se rehusó al pedido del padre pero sin embargo, luego de un discernimiento, y ver con más claridad lo que pedía, dijo que sí: Este hombre fue el que hizo en realidad la voluntad de su padre. Lo común es aparentar un compromiso, o aceptar una llamada de modo que se puedan salvar las apariencias pero, al momento de cumplir y perseverar las cosas son al revés. Estos lamentablemente abundan, por lo que las tareas pastorales se quedan a mitad de camino, o simplemente no se hacen. Ellos adquieren un compromiso pero cuando aparece otra cosa, más importante según ellos, hasta allí llegó su trabajo. Pueden ser muy “cumplidores” pero, ¿qué cumplen?, ¿cumplen su voluntad o lo que se ha pedido? El texto del evangelio debe llevar a un análisis de la vida de modo que se pueda concluir a qué bando se pertenece. ¿Cuál es tu respuesta cuando el Señor te invita a trabajar en su viña? Si aceptas ¿Qué haces? ¿Lo  que tienes que hacer o lo que quieres?

SEÑOR, AYÚDAME A RESPONDER CUANDO TÚ LLAMAS, Y QUE SIEMPRE HAGA EN TU VIÑA LO QUE TÚ ME PIDES, NO MI CAPRICHO.



XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 55, 6-9

Salmo responsorial: 144

2da lectura: Filipenses 1, 20-24. 27

Evangelio: Mateo 20, 1-16

               Ciertamente los planes del Señor, y entre ellos su justicia, son diferentes a los planes particulares que cada hombre tiene. Los proyectos del hombre por más grandes y maravillosos son insustanciales, que solo llegan hasta donde llega la “punta de su nariz”. Si van de la mano con los planes del Señor, en buena hora, pero, si no, o hacen daño y destruyen o no duran. El Señor en su infinita providencia dirige la historia y la historia particular de cada uno, tantas veces inexplicables a la razón humana. El evangelio de este domingo presenta un señor invitando a su viña, a diferentes horas del día para trabajar. Es curioso cuando llega el momento del pago: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno” A simple vista es una injusticia pero, la verdad es que hubo un trato de por medio con los primeros y el señor lo cumplió, y a los demás él les dio lo que quiso, al fin y al cabo no hubo trato con ellos.  Es claro que el “señor” es el “Señor”, que siempre llama, en la época, circunstancia  o la edad que sea y que paga con lo único que puede pagar: su Reino. El Reino es para todo aquel que respondió a la llamada de trabajar en la viña hace siglos o ahora, en la juventud de la vida o en la vejez, tarde o temprano. El Señor está siempre, con los brazos abiertos, dispuesto a recibir a todo aquel que quiera trabajar. La paga es la misma: su Reino. Esto demuestra que por encima de la lógica y la “justicia” está su misericordia y su paciencia. Sin faltar a nadie él da siempre a manos llenas.

SEÑOR, QUE EMPIECE YA MI TRABAJO EN TU VIÑA, QUE NO ME DISTRAIGA EN PEQUEÑECES Y MI RESPUESTA SEA TARDE.   



XXIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Eclesiástico 27, 33 - 28,9

Salmo responsorial: 102

2da lectura: Romanos 14, 7-9

Evangelio: Mateo 18, 21-35

El perdón solo es posible para el que ama. El perdón es la decisión propia del que es maduro y quiere ser feliz. El perdón siempre es posible para aquel que se considera pecador y sabe que algún día también pedirá perdón. ¿Cómo pedir perdón si yo lo niego al que me  lo pide? Las lecturas de este domingo ilustran con claridad la necesidad del perdón: “¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?” “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

Con frecuencia se relaciona perdón y sentimientos, posiblemente por allí vaya lo que algunos dicen “no puedo perdonar”. Hay que insistir que el perdón no está motivado por los sentimientos o emociones cuanto sí por la voluntad y la decisión. El primer paso para restablecer las relaciones con alguien tendría que ser el “perdón” y no el que “me caiga bien”. Hoy el Señor hace un llamado a perdonar setenta veces siete, es decir siempre, así como él siempre perdona: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia”. ¡Vaya sufrimiento del que no perdona!

VER: NO PUEDO PERDONAR

SEÑOR, QUE NUNCA ME INVADA EL VIRUS DEL RENCOR, QUE MI CORAZÓN SIEMPRE ESTÉ DISPUESTO A PERDONAR. 



XXIII DOMINGO  DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Ezequiel 33, 7-9

Salmo responsorial: 94

2da lectura: Romanos 13, 8-10

Evangelio: Mateo 18, 15-20

                 El mundo fuera diferente si el mandamiento del amor fuese prioridad. Todos los problemas desaparecerían porque todos buscarían el bien del otro: “Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera”. No faltará alguien que a esto le llame utopía. Pero, Cristo no pide imposibles. El hombre más realista del mundo es el que afirma que el amor lo trasforma todo, él vivió el amor y así lo pide a todo aquel que le sigue. Con tan solo intentar vivir en el amor, ya sería bastante. El evangelio invita a seguir el camino del amor corrigiendo al que yerra. ¿Quién no comete errores? Qué mejor oportunidad de decir: “Porque te amo, te corrijo”. Se necesita madurez por uno y por otro para corregir y dejarse corregir. Tantas veces sucede que una corrección es consecuencia del fastidio, de la venganza, del creerse superior; la corrección con gritos y con golpes tampoco es la más adecuada. El Señor llama a corregir por amor, y también llama a la humildad para saber recibirla. La corrección es un acto de caridad, es pecado de omisión no corregir pudiendo hacerlo, es tarea de todo cristiano corregir al que yerra, es la tercera obra de misericordia espiritual.

 

SEÑOR DAME SABIDURÍA PARA CORREGIR  Y HUMILDAD PARA RECIBIRLA



XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Jeremías 20, 7-9

Salmo responsorial: 62

2da lectura: Romanos 12, 1-2

Evangelio: Mateo 16, 21-27

               No cabe duda que los planes del hombre son diferentes a los planes del Señor. Hoy se nota clarísimo que el mundo quiere que le prediquen lo que él quiere.  No tolera algo que vaya contra sus principios bajo la amenaza de “discriminación e intolerancia”. Este es el caso de Jeremías: “La Palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día”, simplemente porque anunciaba violencia y destrucción, y esto generaba burla y desprecio de la gente. En el evangelio mientras Jesús anunciaba el camino para la redención como doloroso y cruel, Pedro se imaginaba una senda de triunfos y laureles, al punto de “reñir” a Jesús por semejante anuncio. Por ello aquel duro calificativo para Pedro: “Satanás”. Queda claro que el que de verdad quiera seguir a Jesús necesariamente tiene que romper esquemas y “vacas sagradas”, es decir, cadenas que ciegan y asfixian, y limitan el paso ágil para seguir a Jesús; en una palabra: “negarse” a sí mismo. El que se niega a sí mismo se libera y queda apto para ser “pizarra blanca” para el Señor.

 

SEÑOR, TÚ ESCRIBES DERECHO EN RENGLONES TORCIDOS.



XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 22, 19-23

Salmo responsorial: 137

2da lectura: Romanos 11, 33-36

Evangelio: Mateo 16, 13-20

              Esta pregunta es crucial en la vida de todo cristiano, y más todavía, la respuesta que se dé a esta pregunta. De la respuesta que se dé depende la vida. ¿Quién es Jesús para mí? Es fácil responder usando conceptos preconcebidos, al fin y al cabo es la respuesta y el estudio de otros. Hoy el Señor pide una respuesta personal, como tienen que ser las respuestas a los acontecimientos importantes de la vida.  Toda respuesta implica un compromiso, incluso si se niega a Jesús. Hoy, más que antes se necesita gente comprometida con su fe, gente que responda a los retos de un mundo cambiante, gente que sin quitar la mirada en Jesús, “aquel que me ha convencido” vaya abriendo caminos y sentando las bases de una sociedad que irradie la paz que solo Cristo puede dar.

 

SEÑOR, ¿QUIEN ERES TÚ? AYÚDAME A DESCUBRIRTE EN MI VIDA DIARIA.



XX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 56, 1. 6-7

Salmo responsorial: 66

2da lectura: Romanos 11, 13-15.29-32

Evangelio: Mateo 15, 21-28

               La salvación es para toda la humanidad. Todo hombre, de todo tiempo, está incluido en el plan de salvación. Cristo no ha venido sólo para un pueblo. Ciertamente, el Reino de Dios ha comenzado en el pueblo judío pero, como parte de todo un proceso, tiende a extenderse a los extranjeros, a toda la humanidad. Esta es la gran tarea de la Iglesia, encomendada por el mismo Cristo: Llevar su nombre a los confines de la tierra. En el texto del evangelio es una “cananea”, una extranjera la que clama la atención de Jesús. Su respuesta es dura, su plan inicial es con los judíos: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel” pero, por encima de sus planes está la humildad y sencillez de esta mujer que mueve su corazón, y le concede lo que pide: “Mujer, ¡Qué grande es tu fe!, que se cumpla lo que deseas”. Vaya lección, qué mensaje que deja esta mujer: perseverancia, sencillez, humildad y sobre todo, acepta lo que es: una extranjera, sin derecho a ser atendida.  Esto es lo que compra la mirada de Jesús, a tal extremo que deja de lado sus planes para complacerla.

 

GRACIAS SEÑOR POR SER MISERICORDIOSO CON TODOS.



XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: 1 Reyes 19, 9.11-13

Salmo responsorial: 84

2da lectura: Romanos 9, 1-5

Evangelio: Mateo 14, 22-33

            Dos puntos importantes a considerar.  El primero de ellos es la oración. La oración para Jesús no es sólo importante, es necesaria y fundamental. El diálogo con su Padre le fortalece y es el motor de sus múltiples tareas en la extensión del Reino.  El texto nos dice que luego de la multiplicación de los panes y atender a la gente y con tareas pendientes con sus discípulos se retiró al monte para “orar”.

            En medio de los trabajos y la tribulación siempre hubo tiempo para esa intimidad con su Padre. Llama la atención que los modernos seguidores de Jesús sólo cuando tienen tiempo se acercan a Él. Cuando, precisamente, en los momentos de tribulación y ajetreo es que se debe destinar mucho más tiempo para compartir con Él y así poder renovarse y seguir en la batalla de la vida. El otro punto es “caminar sobre las aguas hacia el Señor”. Pedro, luego de obedecerle y con la mirada puesta en Él, pudo caminar sobre las aguas, sólo cuando dejó de mirarle y se ocupó del viento y la turbulencia comenzó a hundirse. Los problemas y las adversidades de la vida están representados por las aguas movidas por el viento contrario y estos no pueden faltar a la condición humana. Lo evitable es hundirse o agobiarse ante aquellos, al mantener  firme la fe en aquel que todo lo puede y que siempre estará dispuesto a dar la mano en los momentos de duda y fragilidad: “…Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: <¡Sálvame, Señor!> Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: <Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?>”. Con la mirada puesta en el Señor, con fe y esperanza, y no centrados tanto en los problemas, se podrá caminar sobre las aguas. Esto no implica el despreocuparse de las adversidades tan solo indica el lugar que ellas deben tener cuando se tiene como amigo a Jesús. 

 

SEÑOR, QUE EN LA TRIBULACIÓN NUNCA QUITE LA MIRADA DE TI.



XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

1ra lectura: Daniel 7, 9-10. 13-14

Salmo responsorial: 96

2da lectura: 2 Pedro 1, 16-19

Evangelio: Mateo 17, 1-9

Está próxima la pasión y muerte de Cristo. Estos acontecimientos dolorosos marcarán la vida de los seguidores de Jesús, y concretamente de sus apóstoles. Serán momentos de desaliente y temor. Adelantándose a los hechos Cristo quiere fortalecer a los suyos y se retira a la montaña con los más allegados: Pedro, Santiago y Juan. Allí, necesariamente en un contexto de oración, Jesús cambia de aspecto y lo ven resplandeciente, algo inexplicable, se les presenta como triunfador. Este acontecimiento deja claro que Jesús es el esperado por el pueblo de Israel, pues aparecen a su lado Moisés y Elías, dignos representantes de la Ley y los profetas; que es el Hijo de Dios: “Este es mi hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Los cristianos deben ver en la Transfiguración el triunfo de la condición humana cuando escucha las palabras del Hijo, que las circunstancias penosas de la vida no son definitivas y no tienen la última palabra, que la oración es el medio para un encuentro con Cristo transfigurado. Además, es un llamado a una transfiguración personal; aquí en este mundo, los cristianos deben ser gente transfigurada que iluminen y alienten en la lucha diaria de la vida.

 

SEÑOR, QUE YO SEA PARA LOS DEMÁS UNA VIDA TRANSFIGURADA POR TI.



XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: 1 Reyes 3, 5.7 - 12

Salmo responsorial: 118

2da lectura: Romanos 8, 28-30

Evangelio: Mateo 13, 44-52

                 Jesús es el Reino de los cielos entre nosotros.  Jesús pide exclusividad no por gusto y capricho, exige exclusividad porque sin él no hay nada. Si el aire o el alimento hablaran necesariamente tendrían que pedir lo mismo porque sin ellos no es posible la vida física. El que ha tenido la dicha de experimentar a Jesucristo tan cerca en su vida necesariamente debe vender todo para no perderlo, es decir quitar todo obstáculo que limite la presencia del Señor en la vida.  Así como se tiene que tratar con urgencia cualquier problema en las vías respiratorias o en el estómago porque dificultarían la respiración y la alimentación, así también cualquier obstáculo para llegar al Reino debe ser removido. La venta de todo lo que se tiene implica romper esquemas, modelos, ideas, costumbres, estilos de vida que no van en la línea trazada por el Señor. Para comenzar la venta se necesita tener el corazón y la cabeza despojados de prejuicios y apegos, por ello es de inteligentes seguir a Salomón: “Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien…”  Entonces, a vender todo lo que se tiene y así poder disfrutar a seguridad del Reino de los cielos.

 

AMIGO JESÚS, AYÚDAME A VENDER TODO AQUELLO QUE LIMITA MI CAMINO HACIA TI.



XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Sabiduría 12, 13.16-19

Salmo responsorial: 85

2da lectura: Romanos 8, 26-27

Evangelio: Mateo 13, 24-43

              Parece injusto tener que esperar que la maleza crezca junto con el trigo, para luego separarles. Da la impresión de ser condescendientes con la maleza al permitir que haga daño hasta la cosecha. Pero, la mira del Señor no está en la maleza, su objetivo es salvaguardar el trigo: “¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero Él les respondió: No, que podríais arrancar también el trigo”. Estas lecturas nos llevan de la mano a comprender que hay situaciones que escapan a nuestro buen criterio por lo que debemos pedir consejo para no errar y lastimar. A simple vista se ve que el arrancar la maleza implica lastimar el trigo, pero movido por la emoción o el sentimiento el trabajador no duda en tentar al Maestro para sacrificar algo de trigo con tal de eliminar la maleza.  Criterio muy usado para justificar la venganza, el desquite, o el capricho de satisfacer el amor propio. El mundo pide resultados inmediatos y atajos prácticos para solucionar lo que aparentemente es un problema cuando el Señor simplemente pide paciencia. Es bueno recordar que los criterios del Señor son diferentes a los criterios del mundo. Además, en la misma persona cuantas veces se ha notado maleza en medio de tanto trigo, es decir, defectos y desviaciones en medio de tantas virtudes. No tiene sentido eliminar a la persona por eliminar lo negativo que pueda tener. No cabe duda que en el quehacer de la vida la paciencia debe ocupar un sitial preferencial. La paciencia demuestra la bondad y clemencia de una persona: “Tú, Señor, eres bueno y clemente”. 

 

SEÑOR, DAME SABIDURÍA PARA DISCERNIR CON JUSTICIA ENTRE EL TRIGO Y LA MALEZA.



XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 55, 10-11

Salmo responsorial: 64

2da lectura: Romanos 8, 18-23

Evangelio: Mateo 13, 1-23

                Las lecturas de este domingo están centradas en la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es comparada a la semilla y, como toda semilla, está llamada a germinar y dar fruto, y fruto abundante. Para que esta semilla cumpla su cometido las condiciones del suelo deben ser las mejores. El sembrador es el Señor, la semilla es la Palabra de Dios y la tierra es  cada ser humano. El sembrador no descuida su trabajo, él siempre está sembrando a través de su Iglesia y todo hombre de buena voluntad. La semilla es de calidad garantizada, su Palabra es constructiva y eficaz. Entonces es la “tierra la que condiciona el dar frutos, es decir, el hombre. En principio todo ser humano es bueno pero, las diversas experiencias en la vida le condicionan, y le mal forman. Por ello no todos responden de la misma forma a la Palabra de Dios. Es necesario sanar, y esto implica dejar criterios, esquemas y paradigmas que limitan una entrega completa al Señor.  Por ello la parábola presenta diversos campos: unos pedregosos, otros con maleza o zarzas, donde la Palabra puede llegar pero no fructifica. Es tarea personal, con la fuerza del Espíritu y perseverancia, sanar el corazón maltratado y encauzarlo por los caminos del Señor.

 

SEÑOR, AYÚDAME A SER DÓCIL A TU PALABRA.



XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Zacarías 9, 9-10

Salmo responsorial: 144

2da lectura: Romanos 8, 9.11-13

Evangelio: Mateo 11, 25-30

               Como siempre los sencillos y humildes arrebatan las grandes cosas a los que dicen saber algo, los sabios y entendidos según el mundo no es novedad que se retiren con las cajas destempladas. Los humildes y sencillos siempre esperan con la mano extendida y no es de extrañar que su alforja permanezca llena. A ellos el Señor destinó para que multipliquen su presencia y lleven la novedad del evangelio a los confines del mundo. ¡Vaya novedad! A los sabios y entendidos, con todas sus influencias, les dejó sin el trabajo más exclusivo del mundo. El cuidado del Maestro nunca falta, no descuida su rebaño, él sabe que la tarea de llevar su presencia a un mundo hostil es ardua y fatigosa, por ello “Venid a mí todos los que estén cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”.

¿Por qué será que los sabios y entendidos no pueden ver las cosas del Señor? Porque tienen su mente y el corazón atascados en ellos mismos y no pueden ver más allá que su propia sombra. Ellos están imposibilitados de un horizonte colorido que les permita gozar y volar, y crecer.  

 

SEÑOR, QUE APRENDA A SER HUMILDE COMO TÚ.



XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: 2 Reyes 4, 8-11. 14-16

Salmo responsorial: 88

2da lectura: Romanos 6, 3-4.8-11

Evangelio: Mateo 10, 37-42

               La fe es un don de Dios, y es necesario pedirlo. La fe implica seguir a Jesús, pero de modo radical.  La persona que tiene fe no puede condicionar a Jesús y su seguimiento no puede ser a medias, bajo el riesgo de no ser fe lo que dice profesar. El que quiere seguir a Jesús, insisto en la frase “el que quiere”, debe dejar todo aquello que le dificulte aceptarlo a plenitud. Esto significa negarse a sí mismo y cargar con su cruz. Jesús no quiere que su seguidor se despersonifique y deje de ser él, tan sólo pide que borre del “disco duro” todos los archivos virulentos que hacen lenta la máquina de la vida. Por eso la insistencia de Jesús: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que quiere al su hijo o a su hija más que a mí, o es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”. No es que los padres o los hijos o los hermanos no sean importantes, de ninguna manera; Jesús no pide despreciarles, simplemente se trata de dar a cada uno el lugar que le corresponde. Si Dios es el que provee de todo no tiene lógica que se prefiera una provisión al proveedor. Si la persona es consciente de quien es Jesús  y le da el sitial que le corresponde obviamente que todo lo que se relacione con él siempre será bienvenido y, como a Dios nadie le gana en generosidad,  la paga no puede ser menos que justa.

 

EN TU LISTA DE PRIORIDADES ¿ESTÁ EL SEÑOR?



XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Jeremías 20, 10-13

Salmo responsorial: 68

2da lectura: Romanos 5, 12-15

Evangelio: Mateo 10, 26-33

               Jeremías como profeta debe cumplir su rol de profeta. Pero esto le trae problemas y crea adversarios, no le faltan las críticas, y quieren eliminarlo porque estorba. Es en ese contexto que Jeremías invita a poner todo el trabajo profético en las manos de Dios, a mirarle como el escudo que cubre de los flechazos de los adversarios;  motiva e impulsa a la oración sincera y confiada, a pedir lo que se necesita con la seguridad que el Señor escucha y responde: “Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo…”. El evangelio insiste en no tener miedo, y llama a que se predique, que tarde o temprano lo que se predique fructificará: “nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea”. El Señor tan sólo pide la decisión de predicar que los resultados dependen de su benevolencia y misericordia infinitas: “si por la culpa de uno murieron todos, mucho más, gracias a un solo hombre, Jesucristo, la benevolencia y el don de Dios desbordaron sobre todos”. El profeta nunca debe tener miedo porque su único soporte es Dios, y Dios no falla, y tiene el premio de tener a Cristo de su lado ante su Padre del cielo.

             Todo bautizado tiene el título de profeta: ¿aceptas el reto de vivir el título que tienes?

 

SEÑOR, AYÚDAME A SER PROFETA EN TODAS MIS TAREAS COTIDIANAS.



XI DOMINGO EL TIEMPO ORDINARIO

EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

1ra lectura: Deuteronomio 8, 2-3.14-16

Salmo responsorial: 147

2da lectura: 1 Corintios 10, 16-17

Evangelio: Juan 6, 51-58

                      Las palabras de Cristo son contundentes: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre...” De verdad ¿Te crees estas palabras? Si Cristo no hubiera querido decir que ese pedazo de pan era realmente su “cuerpo” por qué no cambió su discurso ante el asombro de sus oyentes: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?, antes bien insistió en lo mismo: “Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”. De ahí la importancia capital de la Eucaristía, de la Misa. El Magisterio de la Iglesia le considera como el centro de la vida cristiana, la fuente de la que brota la vida de Gracia y, por ende, es el acto al que se dirige toda actividad apostólica. Es allí donde converge todo cuanto la Iglesia hace y dice para la salvación del mundo.

                 La Eucaristía es el alimento de la vida, es Cristo mismo que se da para fortaleza de todo aquel que quiere seguirle: “Yo soy el pan de vida”. Así como no hay ser humano que pueda vivir sin alimentarse así también no hay cristiano que puede vivir sin recibirle. Es inexplicable la dejadez de tantos que se llaman cristianos y dicen no necesitar, o simplemente no le dan importancia debida a Jesucristo sacramentado: Allí está vivo, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; es decir, con todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser alimento de nuestra vida espiritual.  Es este gran misterio lo que conmemoramos en la Fiesta de Corpus Christi.

 

SEÑOR, GRACIAS POR QUEDARTE EN UN POCO DE VINO Y EN ESE PEQUEÑO PEDAZO DE PAN.



X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

SANTÍSIMA TRINIDAD

1ra lectura: Exodo 34, 4-6.8-9

Salmo responsorial: Daniel 3, 52.53.54.55.56.

2da lectura: 2 Corintios 13, 11-13

Evangelio: Juan 3, 16-18

La Iglesia celebra la Solemnidad de la Santísima Trinidad, el misterio más grande de nuestra fe, y motiva a los fieles a adorar al único Dios en tres personas distintas. Esta realidad no puede ser explicada por la razón, lo que no le quita verdad, pero sí lo sostiene la fe.

          Las lecturas de ese domingo encauzan la fe a la existencia de un Dios, primero que no está solo, es trino y familia: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo…”, y segundo que es cercano, amigo, y ama al hombre. La primera lectura le proclama “…compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad” y la segunda como “…Dios del amor y de la paz”. Pero, que no se pierda de vista que semejante realidad necesita la respuesta del hombre: “Alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz”. Y, esta respuesta es tan necesaria que su ausencia trae consecuencias: “…el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del hijo único de Dios. 

             El mundo intenta desvirtuar la figura de Dios al presentar diosecillos, que intentan saciar la sed que el hombre tiene del Dios vivo; al presentar un “dios” sentimentalista, bonachón y permisivo que priva al hombre de toda responsabilidad en su vida. Ese no es Dios, es “dios”. La Trinidad es el modelo de existencia para todo hombre y familia que quiere ser feliz.

 SEÑOR, AYÚDAME A SER HUMILDE PARA ACEPTAR EL MISTERIO MÁS GRANDE DE NUESTRA FE.