VIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 49, 14-15

Salmo responsorial: 61

2da lectura: 1 Corintios 4, 1-5

Evangelio: Mateo 6, 24-34

               El punto central de las lecturas de este domingo es la “providencia”. ¿Será posible que Dios abandone a su criatura? La respuesta no tarda en llegar: “¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré”. Queda claro que por el lado de Dios el hombre está asegurado, Dios no falla en su promesa, Él está pendiente de sus compromisos adquiridos pero, esto exige una respuesta de su parte: exclusividad. Y es que, no se puede servir a dos señores a la vez, o es uno o el otro, pero no ambos: “No se puede servir a Dios y al dinero”. Si el hombre confía en Dios habrá consecuencias, si el hombre confía en su dinero, o en cualquier diosecillo que se invente, también habrá consecuencias. La simple lógica explica el comportamiento de Dios: si Él es providente con los pájaros y las flores ¿No cuidará también, y con más razón, al hombre creado a su imagen y semejanza? Dios cumple con ser providente, que el hombre no acepte y viva de esa providencia ya no depende de Dios.

 

Bienvenido todo aquello que construye y dignifica la vida del hombre: dinero, títulos, posesiones, estudios siempre y cuando le dignifiquen. Si todo ello le esclaviza, entonces ya no le dignifica, por ende,  merece desecharse.

 

SEÑOR, QUE TÚ SÓLO SEAS MI SOPORTE Y PROVIDENCIA.



VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Levítico 19, 1-2.17-18

Salmo responsorial: 102

2da lectura: 1 Corintios 3, 16-23

Evangelio: Mateo 5, 38-48

              El principio de todo comportamiento cristiano es el amor. San Agustín lo resume en su famosa frase: “Ama y haz lo que quieras”. Todo lo que el Señor pide en el evangelio parece sin sentido y hasta imposible de realizar, sólo puede explicarse desde la perspectiva de un corazón que ama. Es decir, desde un ángulo opuesto a los principios y posturas humanos: “Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios…”. El sabio de este mundo rechaza la propuesta del Señor, pues la considera pobre y humillante; el sabio en el Señor crece y se enriquece porque su objetivo está en la llamada de su Señor a ser perfectos: “…sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.

 

TODO LO QUE NOS PIDES ES POSIBLE, SEÑOR.

DAME LA VALENTÍA Y FORTALEZA PARA CUMPLIRLO.



VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Eclesiástico 15, 16-21

Salmo responsorial: 118

2da lectura: 1 Corintios 2, 6-10

Evangelio: Mateo 5, 17-37

“No crean que he venido a abolir la ley…” Cristo viene a dar plenitud a la ley. La ley como letra es mordaza y hasta mata; vista como mandato “esclaviza”, vista como camino de vida “libera”. Cristo rompe el antiguo esquema de la ley y le humaniza. Esto no significa, de ningún modo, que la relativiza, al contrario le hace necesaria pero, en un camino de libertad. La ley vista simplemente como letra es tramposa y fácil de burlar, la ley llena del Espíritu enamora y no da lugar al engaño. Toda respuesta sincera al llamado del Señor implica romper esquemas, paradigmas, pareceres, gustos, hasta caprichos: “El que quiera seguirme que se niegue así mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Ese negarse a sí mismo implica aceptar su “ley” libremente, sólo asumida así la ley será  constructiva y humanizará, será camino de transfiguración y liberación.  

 

SEÑOR, QUE NUNCA SEA ESCLAVO BAJOLA LEY.

QUE SIEMPRE TU LEY ME LIBERE.



V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 58, 7-10

Salmo responsorial: 111

2da lectura: 1 Corintios 2, 1-5

Evangelio: Mateo 5, 13-16

El domingo anterior concluía mi reflexión diciendo: “Este signo (de contradicción) debe ser lo atractivo de todo aquel que se llame cristiano”. Hoy, Cristo hace un llamado a ser sal y luz de la tierra. Ser “sal” y ser “luz” deben ser signos de contradicción en el mundo. No hay lógica cuando aquel llamado a ser “sal”, no para salar, cuanto sí para dar sabor, sea soso; o el llamado a ser “luz”, sea oscuridad. Cristo es la luz del mundo, y todo aquel que le mire debe reflejar esa luz a los demás, con su estilo de vida, con su conducta, con sus gestos y actitudes, con sus obras. De qué sirve la “sal” si se vuelve “sosa”, “…No sirve más que para tirarla  fuera y que la pise la gente”, así también qué sentido tiene usar el nombre de cristiano si su propia vida contradice ese nombre y es oscuridad, y crea escándalo, y con el mal ejemplo, poco a poco va minando la vida de todos los que le rodean.

 

¿Cómo te va por la vida? No te animas a intentar ser luz y sal. Recuerda que no basta ser “bueno”, hasta los malos son buenos entre ellos. El Señor te llama para que le sigas y seas feliz.

 

SEÑOR, QUE TU LUZ SE REFLEJE EN MI VIDA.



IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Sofonías 2,3; 3,12-13

Salmo responsorial: 145

2da lectura: 1 Corintios 1, 26-31

Evangelio: Mateo 5, 1-12

El domingo pasado el señor exhortaba a la conversión porque está cerca el Reino de los cielos. Hoy nos da el camino a seguir para ese Reino, y a todo el que lo sigue le llama “dichosos”. Pero, ¡vaya sorpresa!: Es la más escandalosa inversión de valores que se haya podido ver en la historia. Es todo lo que el mundo propone multiplicado por  “-1”. Desde esta perspectiva se entiende lo que algunos, en algún momento dijeron a Jesús: “Así, ¿Quién puede seguirte?”. Lo cierto es que estas cosas solo las entienden los sencillos y humildes. Los que dicen que saben algo, este anuncio de Jesús los ha dejado desencajados. 

 

Las “bienaventuranzas” constituyen la carta magna de todo cristiano y es un llamado a perseverar en la decisión de seguir al Señor, y a la esperanza en medio de las dificultades que se presentan consecuencia de aquella decisión. El cristiano debe ser signo de contradicción y polémica en el mundo en el mundo, y sin exagerar, hasta de locura. Este signo debe ser lo atractivo de todo aquel que se llame cristiano.

 

NO TENDRÉ MÁS DICHA CUANDO ME LLAMES "BIENAVENTURADO".



III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 8, 23-9,3

Salmo responsorial: 26

2da lectura: 1 Corintios 1,10-13.17

Evangelio: Mateo 4, 12-23

“A los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”. Cristo es la luz que ilumina la humanidad sumida en la oscuridad del pecado, y es el Reino hacia donde todo hombre debe convertirse.  El que sigue esta luz necesariamente debe dejarse iluminar por ella, y así dar pasos de  conversión: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Las lecturas de este domingo son una invitación a dejar las cuevas o las grutas, siempre oscuras, donde el hombre incursiona guiado por sus afanes y caprichos, en busca de “novedades”. El hombre se afana por estas y cree encontrar en ellas la plenitud, nada más opuesto a lo que Dios quiere para cada uno. Junto con el salmista todo cristiano debe decir: "El Señor es mi luz y mi salvación". 

 

SEÑOR, QUE NO ME CONFUNDAN LAS TANTAS LUCESILLAS QUE EL MUNDO ME PRESENTA, Y QUE LLEVAN A PARAJES OSCUROS.

QUE TÚ SEAS LA ÚNICA LUZ QUE GUÍA MI VIDA.



II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

1ra lectura: Isaías 49, 3.5-6

Salmo responsorial: 39

2da lectura: 1 Corintios 1, 1-3

Evangelio: Juan 1, 29-34

               Ha comenzado la vida pública de Jesús y Juan da testimonio de quien es Él: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y lo proclama como el Hijo de Dios: “Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”. Isaías proféticamente anunció un mesías universal: “Tú eres mi siervo de quien estoy orgulloso… te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín dela tierra”. Pablo también lo proclama como salvador universal: “…escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Jesucristo, al pueblo santo que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro y de ellos”. En síntesis: Jesús es el Señor, el Hijo de Dios, el mesías esperado y, el salvador universal. Ante este verdad: ¿Tú qué opinas?, ¿Te lo crees?, ¿Te obliga a un compromiso? De tu respuesta depende la extensión del Reino, y la plenitud de tu vida.

SEÑOR YO SÉ QUE TÚ ERES EL CORDERO DE DIOS QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO.

AYÚDAME A VIVIR COMO TÚ ME PIDES.