SÁBADO SANTO

             Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, en compañía de María, meditando su pasión y muerte. El templo está vacío: ¡Dios ha muerto! El altar está desnudo, no hay flores, ni nada que pueda expresar vida. 

SEÑOR, CUESTA DECIRLO, PERO, HAS MUERTO.

DIOS MURIÓ POR MI.



VIERNES SANTO

1ra lectura: Isaías 52, 13-53,12

Salmo responsorial: 30

2da lectura: Hebreos 4, 14-16; 5,7-9

Evangelio: Mateo 26, 14-27, 66

                 Es el único día del año en que no se celebra la Eucaristía. Hoy se resalta la gloriosa pasión de Jesús y su muerte victoriosa. Las lecturas nos invitan a ver la cruz y el sufrimiento como medios de redención y salvación, pues el sufrimiento en la cruz no es la última palabra. Esto es un mensaje de esperanza para todos aquellos que caminan en la vida con tantas cruces grandes y pesadas. El buen cristiano no busca el sufrimiento, lo afronta con valentía sabiendo que detrás de él siempre hay algo grande, reconfortante y placentero. La cruz es expresión del amor infinito del Padre quien entrega a su Hijo por la salvación de la humanidad. Pero, esa entrega es fructífera, no queda en la muerte. La muerte de Cristo en la cruz es la puerta de la esperanza para toda la humanidad.

SEÑOR, TÚ PAGASTE NUESTRA DEUDA.

¡GRACIAS SEÑOR!



JUEVES SANTO

1ra lectura: Éxodo 12, 1-8. 11-14

Salmo responsorial: 115

2da lectura: Corintios 11, 23-26

Evangelio: Juan 13, 1-15

            Hoy la Iglesia celebra la institución de la Eucaristía y el Orden Sacerdotal como expresión del “amor extremo a la  humanidad”.

                   Con las palabras “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros…” y “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre…” Jesús instituye su presencia en las especies del pan y del vino, de modo que cada vez que se pronuncien Cristo mismo, realmente, se hace presente. La Iglesia, fiel al mandato de su Maestro de celebrar y actualizar su cuerpo y su sangre: “Haced esto en memoria mía…”, sigue obteniendo frutos de redención y santidad, y perpetua, en el tiempo,  la persona de Cristo en su pueblo.

                Repetir las palabras de Jesús sobre el pan y el vino no es recordar algo del pasado, es hacer que sus palabras cobren vida en el preciso momento que son pronunciadas. Esta es la razón por la que la Iglesia considera que cada Eucaristía es la actualización de Cristo en ella. De allí la necesidad de la misa para todos los cristianos.

                  El mandamiento de actualizar su presencia bajo las formas del pan y del vino se lo da a sus apóstoles. Esto ya indica una preferencia por unos quienes tendrían la potestad de convertir el pan y el vino en su cuerpo y sangre, para ser alimento del nuevo pueblo de Dios. Estos serían los sacerdotes de la nueva alianza. La Iglesia considera que este es el nacimiento del sacramento del Orden Sacerdotal.

                     En este día también se celebra el mandato del servicio y la humildad: “…se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos…”.  Esto indica el deseo del Señor que sus nuevos ministros, ministros de la nueva alianza, vivan para servir y servirse unos a otros.  

GRACIAS SEÑOR POR QUEDARTE CON NOSOTROS EN UN SENCILLO PEDAZO DE PAN Y UN POCO DE VINO.



DOMINGO DE RAMOS

1ra lectura: Isaías 50, 4-7

Salmo responsorial: 21

2da lectura: Filipenses 2, 6-11

Evangelio: Mateo 26, 14-27, 66

 

                Domingo de Ramos marca el comienzo solemne de la Semana Santa. Se celebra la entrada triunfal de Cristo en la ciudad de Jerusalén. Jesús es aclamado y ovacionado por el pueblo, y casi se le proclama rey, aunque su entrada es en un burrito, pequeño detalle que explica lo que para Cristo significa reinado. El Maestro sabe que su decisión, libre y voluntaria,  es el comienzo de su viacrucis. Se emociona al ver la multitud que le aclama, aunque luego, muchos de ellos gritarán que le crucifiquen. La actitud del pueblo pareciera que se repite en la vida de tantos que le proclaman como Señor, y  luego le clavan con el proceder; en nuestros días, se ve con asombro la dureza de las autoridades judías y romanas, quienes pensaban obrar bien crucificándole, y sin embargo, no causa sorpresa el proceder  de muchos que sabiendo que Él es el Hijo de Dios y conociendo su doctrina le siguen crucificando en miles de hombres y mujeres explotados y marginados, en la sociedad. Domingo de Ramos es una bonita oportunidad para renovar nuestra adhesión al Señor de señores y proclamarle rey, para aclamarle no con palmas que se marchitan y secan, sino con la propia vida. 

SEÑOR, QUE LAS PALMAS CON TE ACLAME EXPRESEN MI VOLUNTAD DE SERVIRTE SIEMPRE.