LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN EL TEMPLO

MIRA, ÉSTE ESTÁ PUESTO PARA QUE MUCHOS EN ISRAEL CAIGAN Y SE LEVANTEN


1ra lectura: Malaquías 3, 1 - 4

Salmo responsorial: 23

2da lectura: Hebreos 2, 14 - 28

Evangelio: Lucas 2, 22 - 40

                   Hoy celebramos “La presentación del niño Jesús en el templo”. Así lo mandaba la ley de Moisés, que decía que todo varón primogénito era del Señor, por lo que tenía que rescatarse dando una ofrenda. Ellos como buenos judíos presentaron a Jesús, y dieron un par de tórtolas como ofrenda por el rescate. Este tendría que ser el buen gesto de toda familia creyente, ofrecer al Señor no solo el primero y el varón, sino todo hijo nacido; es más, toda actividad, todo proyecto, todo trabajo, toda profesión, toda la vida tendría que ser ofrecida al Señor. Aunque, sabemos que todo es de él, el solo gesto de ofrecer, indica el desprendimiento y la humildad de poner todo en las manos del que todo lo puede. Aprendamos de este gesto. Con esta fiesta la Iglesia celebra, también, la fiesta de la luz y nos recuerda que Jesús es la Luz que viene a disipar la oscuridad que reina en el mundo, y es el salvador que viene a romper las cadenas que atan la libertad humana y le dificultan ser feliz: “Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”. Hay dos personajes que profetizan lo que sucederá con la criatura y María: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma”. Esta profecía se cumple día a día. La historia nos muestra a esta Bandera Discutida: Cuantos han luchado por exterminar el mensaje de Cristo y no han podido, y cuantos han dado la vida por extender su Reino y defender su nombre; cuantos corazones atravesados por la espada del sufrimiento simplemente por intentar vivir bien, como él pide. De alguna forma u otra la vida de cada persona refleja, en diversas circunstancias, la profecía de Simeón.

 

SEÑOR, ENSÉÑAME A SER AGRADECIDO Y PERMÍTEME DEVOLVER A TU ALTAR LO QUE TÚ ME DAS DÍA A DÍA.

 

P. Víctor.