QUIERO ALABARTE


 

Grande eres, Señor, y muy digno de alabanza (Sal. 145,3); grande es nuestro Señor, todo lo puede, nadie puede medir su inteligencia (Sal. 147,5). Y se atreve a alabarte el ser humano, parte insignificante de tu creación, precisamente el ser humano que lleva alrededor suyo la mortalidad, que lleva a flor de piel  la marca  de su  pecado y el testimonio de que  Tú resistes a los orgullosos  (1 Pe 5,5). Sin embargo, se atreve a alabarte un hombre, parte insignificante de tu creación. Y Tú mismo eres quien le estimulas para que encuentre deleite en alabarte, porque nos has creado orientados hacia Ti, y nuestro corazón estará intranquilo hasta que descanse en Ti.

                                                                     San Agustín (Confesiones 1,1)


GRACIAS, SEÑOR, POR MIS QUERIDOS PADRES

Si ser madre es ya un maravilloso regalo, cuanto más, para un hijo, el hecho de tenerla. Señor, hoy quiero alabarte y bendecirte por el regalo de mamá Toñita y Jorge. Ellos partieron a tu encuentro y sé que disfrutan de tu presencia. La convicción que están contigo, Señor, nos reconforta a mis hermanos y a mí. Gracias por permitir compartir con ellos tantos años, los suficientes para tu obra en nosotros. Gracias especiales por Jorge, un instrumento de tu amor, no fue mi padre biológico pero sí un auténtico padre. Por medio de él reconozco que tú nos cuidaste.   

             P. Víctor



¡SOY SACERDOTE!

Señor, ¿Quién soy yo para que te fijes en mí? ¡Qué datalle, Señor, has tenido conmigo! Quiero agradecerte por el don del ministerio sacerdotal. Tú lo das a quien quieres, ni al mejor ni al peor, simplemente a "quién quieres". Señor, gracias por ese privilegio, gracias por hacerme partícipe de tu sacerdocio, gracias por la confianza. Y, perdón, por las veces que no he respondido a tus espectativas. Gracias por los que compartieron conmigo la alegría de ser tu sacerdote.

                                                                                          P. Víctor



MUJER

Señor, en tu infinita sabiduría creaste al ser humano: "Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Hombre y mujer los creó" (Génesis 2,27).

Sí, Señor, así te pareció bien, y así lo hiciste.

Gracias, Señor, por el regalo maravilloso de una "madre", de una "hermana", de una "amiga", de una "hija", de una "esposa".

   P. Víctor



CARTA A UN AMIGO

Señor, ¡Grande ha de ser la amistad! que tu decidiste tener amigos. Señor, bendice a todo aquel que se proclame amigo, y viva la amistad de modo sincero. Señor, que en los momentos difíciles de la vida  te pueda ver a ti como al mejor de los amigos.

P. Víctor



QUIERO ALABARTE

Señor, la creación habla de ti. Lo perfectible habla de lo perfecto, lo limitado de lo ilimitado, lo finito de lo infinito. Tu belleza se ve reflejada en la sencillez de tu creación. Las bestias, las aves, los peces, la vegetación, todo grita que tú eres Dios y su creador. El hombre, creado a tu imagen y semejanza, constata ese grito de la naturaleza y se une a una sola voz para cantarte y alabarte: ¡Bendito seas Señor!                                                            

                                                                                           P. Víctor



ALABAD AL SEÑOR

"Hizo Dios todas las cosas muy buenas, pero no son sumamente buenas, como lo es Él; y no serían buenas si no las hubiera hecho el Bien supremo; estas obras, todas mudables, no existirían si el inmutablemente Bueno no las hubiera creado"

                                                                san Agustín (RJI 6,5)



TE AGRADEZCO

Señor, que pueda ver en los pobres y desvalidos la luz de tu presencia y tu voz que me llama. Que ellos sean la "montaña" hacia donde tú me guías, Señor. Te agradezco mi trabajo con los pobres y necesitados, pues por ellos me acerco cada vez más a ti. Gracias Señor por darme la oportunidad de servirte en ellos.

                                                                                           P. Víctor



GRACIAS POR MAMÁ

Aunque esta canción honra a santa Mónica, cómo no aplicarla a tantas madres que oran y lloran por sus hijos. Bendita aquella madre que se dona entre lágrimas y pesares para alumbrar la fe en el corazón de sus hijos.

 

Señor, gracias infinitas por el regalo de “mamá”. Movida por ti, ella me llevó hacia a ti.

                                                                        

                                                                                           P. Víctor