15

La santidad se comienza a construir desde lo que eres. Reconoce lo que eres: una simple criatura. Si te crees alguien construirás en arena.


13

Recuerda que el autor de las cosas buenas en tu vida es el Espíritu. Tu participación activa consiste en permitirlas. Las palabras de María caen como anillo al dedo: "El poderoso ha hecho obras grandes por mi". Sigue dando pasos en tu camino de santidad.


11

¿Quieres ser santo? Comienza por sacudir el título de "santo" que recibiste el día de tu bautismo. Con tu bautismo comenzó una linda historia de santidad. No permitas que se pierda.


9

¿Quieres ser santo? Comienza a trabajr en las cosas más pequeñas y sencillas de la vida. Ellas son la puerta para las más grandes.


7

Vano es el esfuerzo del hombre en intentar vivir la santidad sino se aferra a aquel que es la santidad misma.


5

La santidad es un don de Dios por lo que hay que pedirlo con insistencia. Y, aunque el hombre debe caminar hacia él la premiación la da el Señor. Y es que Dios es el que hace santo al hombre.


3

El que os llamó es santo; como él, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta, porque dice la Escritura: Seréis santos, porque yo soy santo. (1P 1, 15-16).


1

La santidad es la vocación a la que todo ser humano está llamado. Tu respuesta a este llamado es esencial puesto que está en juego tu propia realización. La medida de tu felicidad dependerá de la intensidad con que vivas tu santidad.

16

Debemos seguir dando pasos hacia la santidad. Tú solo puedes ser santo en la medida que camines por la senda de Cristo. Intenta responder quién es Cristo para ti. Tómate tu tiempo. No te olvides que Cristo no es un término abstracto, es alguien concreto y que seguirle implica un compromiso. Cuando hayas respondido podrás decir que estás dando pasos o no en santidad.


14

La conversión es un proceso que dura toda la vida. Cuando decidas hacer algo debes preguntarte ¿Esto es lo que el Señor quiere para mí? De la respuesta que tú des depende tu recto camino en la santidad. Cuando hayan dudas sobre alguna situación concreta en tu vida consulta con el Señor y déjate guiar por gente buena que quiera lo mejor para ti. Sé santo. Ojo, la pregunta anterior nunca la dejes: ¿Esto es lo que el Señor quiere para mí?


12

Cada experiencia de la vida es oportuna para la conversión. Cada conversión es un paso en la santidad.


10

La santidad implica una humanidad saneada. Entonces a trabajar con los complejos, la autoestima, las heridas del alma, los delirios de persecución, etc. El Señor quiere santos, no santitos.


8

Por el bautismo todos conformamos el pueblo santo de Dios. Es decir, por el hecho de ser bautizados obtenemos el título de "santo". El problema es que no ejercemos ese maravilloso título. Sé santo, vive de acuerdo al título que ya tienes.


6

Lumen Gentium 40 (Concilia Vaticano II): "Para alcanzar esta perfección, los creyentes han de emplear sus fuerzas, según la medida del don de Cristo, para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Lo harán siguiendo la huella de Cristo, haciéndose conformes a su imagen, y siendo obediente en todo a la voluntad del Padre. De esta manera, la santidad del pueblo de Dios producirá frutos abundantes como lo muestra claramente en la historia de la Iglesia la vida de los santos.


4

El hombre es capaz de la santidad porque está hecho a imagen y semejanza de Dios, la santidad perfecta; aunque no puede alcanzarla por sus propias fuerzas.


2

De la mano del Señor todo reto es bienvenido. Atrévete a dar pasos en el camino de la santidad: Solo desde el amor la libertad germina, sólo desde la fe van creciéndole alas. Desde el cimiento del mismo corazón dspierto, desde la fuente clara de las verdades últimas. Ver al hombre y al mundo con la mirada limpia y el corazón cercano, desde el solar del alma. Tarea y aventura: entregarme del todo, ofrecer lo que llevo, gozo y misericordia. Aceite derrammado para que el carro ruede sin quejas egoístas chirriando desajustes. Soñar, amar, servir, y esperar que me llames, tú, Señor, que me miras, tú que sabes mi nombre. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.