ID Y PROCLAMAD



“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación” (Marcos 16, 15) son palabras que Jesucristo dirige a todos aquellos que lo proclaman como Señor y constituyen invitación grave para ser misioneros y llevar su mensaje hasta el más lejano rincón del mundo. Más aún, si conocemos y aceptamos que Él es: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí” (Juan 14,6) y “Yo soy la vid y ustedes las ramas. Si alguien permanece en mí, y yo en él, produce mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada” (Juan 15, 5), el compromiso se torna ineludible.  

 

Hoy, como siempre, pero con más agudeza que nunca por las características de la sociedad en la que vivimos se requiere el compromiso serio y formal de todos aquellos que se proclaman cristianos, en los múltiples campos y actividades de la vida. Cada uno con sus talentos e impronta característica. La llamada del señor es universal y la respuesta no puede tardar porque “Hay mucho que cosechar, pero los obreros son pocos…” (Lucas 10,2). El trabajo debe comenzar en casa, y poco a poco extenderse a los demás: familiares, compañeros de trabajo, vecinos, amigos, etc.

 

Lamentablemente el virus de la indiferencia, el relativismo y el sincretismo afecta a muchos cristianos que reducen la fe a simples emociones y sentimientos, a ser sólo “muy buenos” obviando el compromiso al que todos estamos llamados en una vocación.  El Señor nos llama para seguirle, vivir sus palabras, y así proclamarle por todo el mundo.

 

Te invito a que con pequeños detalles comiences el camino de la evangelización. No hay porqué temer a este término.  No existe actividad humana que excluya un compromiso, por más pequeño que sea. No le temas su llamado.