LA TOMA DEL DÍA


15.- ¿Cómo estoy formando a mis hijos?

14.-  Mis caprichos: Desgracia del matrimonio.

13.-  El amor es ciego.

12.-  Cada uno tiene su verdad.

11.-  Carácter fuerte.

10.-  ¡Oiga señor, y a usted que le pasa!

09.-  Recomiendo "perder el tiempo".

08.-  Y el cambio, ¿Cuando será?

07.-  Vive y verás.

06.-  La convivencia en el matrimonio.

05.- Familia solo hay una.

04.- Los papás deben ser sabios.

03.- No puedo perdonar.

02.- Por obligación.

01.- La comunicación en el hogar.


15.- ¿CÓMO ESTOY FORMANDO A MIS HIJOS?

              Quién no es consiente que el mundo cada día es más complicado. Cuando tengo la oportunidad de reunirme con padres de familia suelo preguntar por el contexto social en el que vivimos y todos concordamos que vivir la vida es cada día más complicado. Ante esta  respuesta contundente lanzo la pregunta: ¿Por qué los padres de familia se empecinan en criar hijos señoritos?

 

               La verdad que es preocupante la postura de muchos padres respecto a la formación de sus hijos. La autoridad de los profesores se ha visto “atropellada” por la prepotencia de papás problemáticos, las corrientes sicológicas “baratas” que vociferan que los niños se “trauman” con una seria llamada de atención ha calado tanto en los papás que se lo han creído en un cien por ciento, los padres han hecho creer a los niños que son el centro del universo para fortalecer su autoestima, los papás han logrado que a los niños se les quite las tareas para la casa y evitar “estresarles”, permiten que sus hijos hagan lo que quieran con el pretexto que “son niños”,  han dejado que los niños sientan que son los dueños del mundo y que tienen todos los derechos al extremo de maltratar y discriminar a  los demás con  gestos despectivos y dominantes. Todo esto junto con la sobreprotección ha generado jóvenes dependientes de los papás, chicos indecisos y señoritos, jóvenes incapacitados para solucionar sus problemas en la vida, personas prepotentes que se creen los dueños del mundo y no encajan  en ningún equipo de trabajo, etc. Es lamentable que las autoridades educativas y los papás organizados no tomen conciencia del daño que se hace a la juventud con estas políticas “de avanzada”. Ciertamente que la formación de los niños  tiene que avanzar pero: ¿Hacia dónde? Ya es un problema social en Europa y EEUU este tipo de formación, tan solo hay que dar una ojeada a los noticieros y la respuesta está clarísima. Sugiero a los padres de familia reconciliarse con los profesores, sugiero que les devuelvan la autoridad arrebatada y trabajen en coordinación con ellos. Les recomiendo no olvidar que los pedagogos son los mejores aliados que pueden tener en la formación de sus hijos.  

P. Víctor

 


14-MIS CAPRICHOS: DESGRACIA DEL MATRIMONIO

              Cada día estoy más convencido que el matrimonio debe ser exclusivamente para personas maduras. Es que dos “mocosos” no podrán sostener una relación madura. Cuando hablo de “madurez” no me refiero a la edad cronológica sino a la capacidad que puedan tener las personas para solucionar sus problemas de la mejor manera. He visto muy de cerca una relación matrimonial venirse abajo, simplemente, por querer hacer uno u otro “lo que quieren”. Estas personas no tienen ni la más remota idea  de lo que es “humildad”, “aceptar”, “ceder”, “dialogar”. Cuando las personas se casan deben saber que el matrimonio exige “reglas de juego” que deben ser respetadas, cueste lo que cueste, bajo la amenaza de romperse la relación sino se cumplen. Los nuevos esposos suelen olvidar con facilidad que ya están casados y que ya no están bajo el régimen de solteros. Tomar decisiones sin previamente dialogar o consultar el uno al otro es un pésimo error, que si no se corrige a tiempo va a traer serias consecuencias. “Es que se trata de mi papá”, “Es que se trata de mi madre”, “Es que son mis amigos”, “Esta también es mi casa”, “Yo no soy sirvienta de nadie” son frases que frecuentemente se escuchan cuando hay problemas producidos por “querer hacer lo que me parece”. En las charlas pre-matrimoniales, indeseadas por muchos, suelo decir que el matrimonio es como dos personas que deciden ponerse las esposas para juntos caminar por la vida. Con esto quiero decir que donde va uno va el otro. Y es que, eso es el matrimonio. Esto implica, tantas veces, jaloneos, gritos, negarse a uno mismo, ceder, incluso, hasta lágrimas. Con esto no quiero decir que el matrimonio es para mártires, no, por supuesto que no. Si dos personas deciden casarse es porque quieren ser felices y compartir juntos la vida, pero, también deben saber que compartir la vida con otra persona, que tiene su mundo, sus costumbres, su idiosincrasia, sus virtudes, sus flaquezas, sus manías, su tic nervioso, etc. implica el choque de dos realidades, y es normal, y tienen que estar preparados para superarlo. En una relación nunca debe primar lo que impone el que más grita o el más astuto sino lo que se decida, luego de dialogar; y, si no se hace “lo que yo quiero”, por favor, sé lo suficientemente maduro para aceptar, pasar el trago amargo, y continuar la vida. Los niños, cuando no logran lo que quieren, revientan con un berrinche, y patalean y lloran. Qué horrible se ve una persona de 25 o 30 años, o los que se quieran, con un berrinche como el de un niño.  Por eso las personas que aspiran al matrimonio deben entrenarse puliendo el orgullo, la soberbia, los caprichos, los gustitos, los engreimientos. Si esto no se trabaja antes del día “D” la factura llegará, y muy costosa.

 

               El matrimonio, definitivamente, es para personas maduras, dueñas de sí mismas, capaces de vivir, como dicen algunos expedientes de vida, bajo presión. El matrimonio es  para personas con capacidad de diálogo, que tengan una mentalidad abierta, que tengan capacidad de escucha y perdón. En una palabra, el matrimonio es para personas que saben “amar”.

 

P. Víctor


13-EL AMOR ES CIEGO

Dicen que el amor es ciego. Yo no comparto esa afirmación. Creo que la persona que ama tiene las cosas más que claras, bien puestas, y sabe por donde transita. La persona que ama conoce a la persona amada y le acepta tal cual es; no condiciona su amor, puesto que el amor es incondicional. La persona que ama es libre, sabe de decisiones y no es arrastrada por las emociones o sentimientos. La persona que ama tiene bien dispuesta la voluntad. En este contexto tiene sentido la frase “He decidido amarte”. La persona que ama es capaz de privarse de algo, de negarse así mismo, de despojarse de sí para edificar a quien se ama. La persona que ama es capaz del sufrimiento porque así lo ha decidido.

La pasión sí se puede decir que es ciega. La pasión es como un “huayco”, arrasa con todo, no entiende razones. La persona movida por la pasión es esclava y no es capaz de razonar.  La persona movida por la pasión es capaz de matar y dañar o dañarse con tal de satisfacer su pasión, aunque sea por un instante. Al escribir estas líneas puedo comprender que la frase “Crimen pasional” está muy bien dicha, puesto que sólo la pasión es capaz de empujar a una persona hasta semejante extremo.  Definitivamente debemos cambiar esa frase, dígase de paso, muy bien vendida, y que se presta para justificar cualquier atrocidad en nombre del amor.    

                                                                                                                                                                     P. Víctor

 

 


12-CADA UNO TIENE SU VERDAD

Está de moda decir “cada uno tiene su verdad”. Esta es una forma de justificar el propio comportamiento, los gustos y caprichos de cuantos se inventan cosas. Pero, si cada uno tiene su verdad entonces está justificada la violencia, el robo, la explotación, la mentira, etc. Decir que cada uno tiene su verdad es afirmar múltiples verdades, aún opuestas unas y otras, y esto es ilógico porque una verdad no puede contradecir otra. La VERDAD es una sola y cualquier otra debe concordar con ella. Nosotros, los cristianos, afirmamos que Cristo es la Verdad: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14,6)

 

P. Víctor


11-CARÁCTER FUERTE

Cuántas veces refiriéndose a una persona se ha escuchado decir: “Tiene carácter fuerte”. La verdad que no sé qué creer. Se tendría que averiguar qué quiere decir o qué quiere significar una persona cuando usa estos términos. Comúnmente se usa para designar a personas que se enojan con facilidad, que pierden los papeles a la primera, o que son “fosforitos”. Creo que el término está mal usado, y las cosas tendrían que ser al revés. Cómo atribuir a una persona un “carácter fuerte” si no es capaz de manejarse o dominar su temperamento, si no es dueño de sí mismo. Una persona que es títere de sus emociones o esclavo de sus rabietas cómo se le puede llamar “fuerte”. ¿No sería más adecuado llamarle de “carácter débil”? o simplemente “débil”. Alguien que sea dueño de sí mismo, que se controle, que maneje su temperamento o sus emociones perfectamente, y con propiedad, se puede decir que tiene un “carácter fuerte”. 

 

 P. Víctor


10-¡OIGA SEÑOR, Y A USTED QUE LE PASA!

Frase que me cansé de usar con tanta gente que piensa que el mundo es solo su mundo. He podido concluir que este es un problema de egoísmo: “Lo que cuenta soy yo y mis intereses”. Situación grave que involucra hasta, me atrevería a decir, el desarrollo de un país, y sin ir muy lejos, el de una ciudad. Pequeños detalles antes que los grandes dicen mucho. El pasarse la luz roja, el estacionarse de la  forma más incómoda al tráfico vehicular en las arterias de la ciudad,  el conducir por las noches con la luz alta de modo habitual, tener el propio negocio que dificulta el paso de la gente en la vereda que es pública, ir contra el tráfico de las calles, ensuciar la ciudad, etc. dicen mucho de la idiosincrasia y cultura de un pueblo, con el agravante de "no tener conciencia de todo ello". Frases como: "¡Estoy trabajando!”, “¡no sea escandaloso!”, “¡Anda por allá…!” como respuestas a una llamada de atención indica la gravedad del asunto. ¡OIGA SEÑOR, Y A USTED QUE LE PASA! resume mi pesar e inconformidad a la triste realidad de la ciudad en la que vivo. Ojo, que puede ser cualquier ciudad que presente situaciones alarmantes de desorden, en el aspecto que sea. La corrupción que viven  nuestros pueblos no es más que la expresión a gran escala de estos pequeños detalles de informalidad que desfiguran la buena marcha de un pueblo.  Es necesario comenzar el trabajo de formación a los nuevos ciudadanos, desde la escuela, hasta las instituciones de enseñanza superior. Así también se necesita el trabajo coordinado de las municipalidades, la policía, las rondas campesinas y demás instituciones incluyendo la misma Iglesia. Si se quiere una ciudad o un país “grande” se necesita grandes inversiones en instrucción, formación y educación. Los desfiles, el saludo a la bandera, el canto del himno, los medallones que tantas veces se ve en el cuello de los políticos no expresan nada sin un compromiso de cambiar la cultura, en gran medida nefasta, que embarga nuestros pueblos.  

 

P. Víctor


09-RECOMIENDO "PERDER EL TIEMPO"

Hay que entender lo de “perder el tiempo”. Es que cada día la vida se torna más ocupada en ganar tiempo. Dadas las múltiples tareas y cada una con exigencia de dedicación la impresión de que no alcanza el tiempo se agudiza más. La "desorganización", y el estar muy "ocupados en hacer nada" pueden ser las razones del atasco de tareas y tareas. El asunto es que vivir un cuadro así desanima a valorar un alto en el camino por temor a “perder el tiempo”. Pensando en todo esto concluyo que para realizar un trabajo sin congestionamientos y agobios, y encauzar la vida en general es necesario, de vez en cuando, hacer un alto en el camino para relajarse y tomar nuevos aires. Escuchar música, alguna manualidad, reunirse con los amigos, las fotos, caminar por la playa, dormir hasta tarde son unas de las tantas formas de “perder el tiempo” para potenciar y renovar fuerzas. Entonces “perdamos el tiempo” con alguna frecuencia, a ver si nos va mejor.  ¡Qué contradictorio!

 

P. Víctor


08-Y EL CAMBIO, ¿CUANDO SERÁ?

          Constantemente nos quejamos de la situación de corrupción en las instituciones públicas, del desorden y caos en la ciudad, de la violencia familiar y social, etc. Todos apuestan por el cambio y por una sociedad en la que se respire paz. Pero, ¿Estás tú dispuesto a cambiar? Sería bueno hacer un alto en el camino y evaluar en qué medida “yo”, con mis pequeños aportes, en mi contexto particular soy parte de todo este sistema que agobia a la sociedad. Está demostrado que el cambio no resulta por una imposición externa; el auténtico cambio parte de la decisión personal de cada uno. Sin este cambio siempre se dirá: “Hecha la ley, hecha la trampa” y nunca saldremos adelante.

 

P. Víctor


07-VIVE Y VERÁS

          La vida está para ser vivida en plenitud, con optimismo y,  sobre todo  en alegría. Las dificultades propias de la existencia no pueden quitar ese llamado, ¡no lo debes permitir! ¿Quién no tiene problemas? ¿Quién no tiene dificultades? Tanto el rico como el pobre experimentan esa realidad. Vivir sin problemas es una utopía, es irreal. Si la felicidad fuese vivir sin problemas, entonces no existe la felicidad y Cristo no tendría razón de ser: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Juan 10,10). ¡Atrévete a vivir!, descubre tus talentos y posibilidades, ¡arriesga!, ¡tú eres más que tus problemas! Tu existencia no puede ser mustia, no es justo. Los tuyos se merecen tu sonrisa y tú mereces vivir ¡Vive, y nada contracorriente! No estás solo.

 

P. Víctor


06-LA CONVIVENCIA EN EL MATRIMONIO

          La convivencia en la vida matrimonial implica madurez. Claro está que la vida es todo un proceso y que se va madurando en el transcurso, pero se debe tener un mínimo asegurado para que la relación marche bien en el matrimonio. También es cierto que los problemas nunca faltan, eso es inevitable, pero hay que tener actitudes para poder sobrellevarlos. Cuando no se da esta mínima condición no es extraña la ruptura de la relación. El matrimonio implica conciencia de matrimonio, comunicación, libertad, voluntad y responsabilidad. Es decir, en una palabra: amor. Una persona inmadura no respeta estas condiciones. No pocos llegan al matrimonio desconociendo la nueva realidad que les toca vivir. Estos desconocen su nueva condición, creen que siguen solteros y actúan como un “casado soltero”, olvidan que tienen obligaciones adquiridas y que ahora “el uno se debe al otro”. ¡Gran problema! Ya no es sólo el parecer, la opinión o el gusto de uno, sino de ambos.
           La comunicación es fundamental en cualquier relación, cuanto más si se trata de un matrimonio. No basta conversar, hasta los extraños conversan. La comunicación es diálogo, implica transmisión de sentimientos y emociones, es mostrar el ser a la otra persona por medio de palabras o gestos. La comunicación debe llevar a la pareja al punto de entenderse sin hablar.
La vida de matrimonio implica también un ambiente de libertad. La libertad tiene que ser el sello de una pareja que se ama. No puede ser, y no tiene sentido, que uno se sienta subyugado por el otro, o que se llegue al temor y el miedo, o incluso a la desconfianza.
           La responsabilidad y la voluntad son dos grandes amigas que van construyendo una relación armoniosa y madura. Todo se desbarata cuando en una relación predominan los caprichos, los gustos, los sentimientos o los intereses particulares y no las decisiones y compromisos adquiridos. Se necesita tener “voluntad firme” para ser responsable y consecuente en una relación.

          La pareja que intenta vivir estos aspectos tratados se puede catalogar como “seria” y expresa el amor de ambos.

 

P. Víctor


05-FAMILIA SOLO HAY UNA

          Estos son tiempos muy difíciles para la familia. Se vive una época en la que pareciera se quiere traer abajo la institución base en la que la sociedad se ha construido: la familia. Con el eslogan tan conocido “cada uno tiene su verdad” o “yo hago lo que me parece” o “yo sé lo que hago con mi vida” se quiere llamar familia a cualquier cosa. No se trata de cuestiones religiosas ni conservadurismos, o asuntos de izquierda o derecha, simplemente se trata de llamar a las cosas por su nombre: tijera a lo que es una tijera, cocodrilo a un cocodrilo, hombre a un hombre o mujer a una mujer, familia a lo que es familia. Aquellos que quieren usar estos términos aplicados a otras realidades que lo apliquen, al fin y al cabo es imposible impedirlo, lo que no se puede permitir es cambiar la terminología del diccionario o de la sociedad, que es de uso común,  simplemente por el capricho de algunos de querer cambiar las cosas según su gusto o parecer. Se ve claramente que la intolerancia de unos pocos quiere sorprender a la inmensa mayoría que vive como tiene que vivir, y que dígase de paso, es muy tolerante con estas minorías.

          Debe quedar claro que el eje de la familia lo constituye: papá, mamá e hijos; y aunque este núcleo tenga muchos problemas, normal en una sociedad con problemas, no implica destruirlo cuanto sí fortalecerlo.

          Creo que los padres de familia tienen el rol fundamental de formar la recta conciencia de sus hijos y dejar bien sentado el concepto de familia que en un futuro no muy lejano ellos también formarán.  ¡Vaya trabajo! En una sociedad  que se jacta de ser libre y progresista. Habría que preguntar a los caudillos de estos movimientos qué idea tienen de modernidad o de progreso.

 

P. Víctor


04-LOS PAPÁS DEBEN SER SABIOS

          Cada día estoy más convencido que un padre de familia tiene que ser sabio. En sus manos está la formación de un ser humano. En su oración cotidiana tendría que estar siempre ese pedido.

          El padre de familia debe ser consciente que no siempre acompañará la vida de sus hijos y que el mejor regalo que les legará no son las propiedades o cuentas en el banco, ni siquiera los estudios, como tantas veces se afirmaba, sino los valores arraigados en sus vidas, desde el comienzo de su formación. De allí la importancia de elegir una institución que desde la base les guíe y acompañe hasta los 16 ó 17 años de edad, que se preocupe no sólo de los conocimientos, sino también de cultivar el alma.

          Es lamentable ver chicos inmaduros, matrimonios jóvenes rotos, profesionales inmorales, servidores públicos corruptos, y todas las lacras que acompañan a nuestra sociedad. Por ello,  ahora más que nunca, el padre de familia tiene que trabajar para formar chicos sanos, y fuertes a las adversidades, consecuentes, fraternos, amigos de la verdad. La sociedad en la que vivimos así lo exige, casi como una norma, por el contexto de violencia en el que se vive, ahora más que nunca.

          Una de las tantas razones por la que no se logra ese objetivo es la actitud sobre protectora del papá o la mamá de nuestra época. Se ve un interés casi desmesurado en formarles en una burbuja, como aislados del mundo, exentos de todo problema y dificultad, como si la vida fuera eso. Los papás, movidos por  algunos profesionales que se guían por corrientes sicológicas extrañas y dañinas, temen corregir con firmeza y así evitar “traumas” para el futuro. Pero ¿El efecto logrado no será contrario de lo que se busca con estos “cuidados”? Tampoco se trata del extremo opuesto, y dejarles que se las entiendan solos en la vida. Se trata de tener una actitud prudente y formativa, de trabajar a la par con aquella institución elegida para la  educación de los muchachos. Una actitud sobre protectora trae consecuencias. Soy testigo de este comportamiento en muchas familias y lo que observo en los chicos formados de este modo es una personalidad débil y siempre dependientes de los papás, no son capaces de solucionar problemas y desarrollar sus capacidades, no asumen las consecuencias de sus actos ya que otros son siempre culpables, creen que todo lo tienen a su disposición,  incluso a las personas, etc. Esta manera de formar a los chicos no es realista. Se ve con frecuencia en los colegios donde el mal comportamiento de un alumno se ve respaldado por la intervención del papá o la mamá, casi inmediata, siempre justificándolos, ante una llamada de atención del profesor.  No piden información al colegio cuando se presenta una situación difícil y solo se quedan con el comentario de los hijos. Frases como: “no comprenden a mi hijo”, “son inhumanos”, “así se llaman colegio católico”, “me voy a quejar al ministerio”, “voten a esa profesora” es común escuchar en papás muy exigentes con la institución pero no con ellos mismos, ni  con los hijos, que es lo más lamentable; incluso ellos mismos les instruyen para contestar y refutar a quien tendría que ser siempre la autoridad en el salón. No se dan cuenta que de esa manera están desvirtuando la imagen del profesor, de la autoridad, y a la larga,  se está formando alguien que cree siempre tener la razón, sin límites, sin respeto, y en el fondo, candidato número uno a ser una persona “problemática” a donde vaya y, por supuesto, sufrir en la vida.

          Padre de familia, como se dice comúnmente, tú tienes la sartén por el mango en la formación de tu hijo. De ti depende que tu hijo sea feliz. Enséñale a ser feliz con tu vivencia, que en ti vea el modelo a seguir. Recuerda que el Señor pensó en ti para que tu hijo viva y, viva a plenitud.

 

P. Víctor


03-NO PUEDO PERDONAR

          Qué lamentable cuando una persona no perdona, cuando no es capaz de pedir o dar perdón, o también, perdonarse así mismo. Qué experiencia dura y compleja habrá causado una actitud tan desproporcional, cómo será el sufrimiento de aquel que se priva, de este modo, de la alegría y gozo de estar en paz con Dios, con los demás y consigo mismo.

          Cuantas veces se escucha decir “no puedo perdonar”. La persona que no perdona sufre y es la más lastimada en un conflicto. Por ello la necesidad de pedir perdón o dar el perdón. Además, cómo se puede negar el perdón a sabiendas que algún día también se necesitará. Jesús nos llama a perdonar siempre: “Entonces Pedro se acercó y le dijo: Señor ¿Cuántas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces? Jesús le contestó: No digas siete veces, sino hasta setenta y siete veces”(Mt 18, 21).

          Con frecuencia se confunde “sentimiento” y “perdón”. Es decir, si alguien “me cae  mal” por el daño que me causó afirmo que no es posible el perdón.  Y eso no es así, una cosa no tiene nada que ver con la otra, pues aunque alguien me caiga mal, por las razones que sean, sí es posible el perdón. Es más, estoy en la obligación de perdonarle, aunque las relaciones sociales no sean las ideales. El fastidio hacia una persona no quita una oración por ella; una situación dolorosa no me obliga a difamar al causante y tomar venganza; tampoco me obliga a quitarle el saludo. Ante esto se puede decir que el perdón más que algo afectivo es algo efectivo; más que un sentimiento es una decisión. Hay que recordar que la vida no puede girar en torno a los sentimientos; sí, en cambio, en torno a decisiones. Te pediría que recuerdes las veces que has hecho algo no porque te guste sino porque tienes que hacerlo. Aunque sin gusto pero lo has hecho. Esto significa madurez y, en el fondo de todo, “amor”. Amor, en primer lugar, a ti que no mereces arrastrar una cadena, sino ser feliz; en segundo lugar, amor a la otra persona, que muy bien puedes ser tú mismo en un futuro, puesto que nadie está libre de cometer errores. 

          Querido hermano, para que la situación cambie en una relación deteriorada el primer paso es el perdón.  No hay otra alternativa. No esperes que mejoren las relaciones para luego perdonar, pues habrás desperdiciado un valioso tiempo de paz y tranquilidad. El perdón es el primer paso  para comenzar un proceso de cambio.  Todo proceso de perdón implica sacrificio, negación de uno mismo, lucha contra el orgullo, e incluso tolerar desplantes de la otra persona, pero, el premio es grande: tu tranquilidad y paz.

 

P. Víctor


02-POR OBLIGACIÓN

          Se cree que hacer algo “por obligación”  quita mérito a esto que se hace. Pero acaso una persona responsable no es aquella que cumple con sus obligaciones. Cuantas cosas se tienen que hacer en la vida, ya sea en el trabajo o en la casa, no por gusto sino porque hay que hacerlas. Esto es lo más normal del mundo.  Es inimaginable la vida donde todo se hace por gusto o porque nace del corazón hacerlo. Este enfoque podemos aplicarlo a cualquier actividad cotidiana. Por ejemplo, no se entiende a  los padres no preparar los alimentos para sus hijos porque hacerlo no les nace del corazón; no se entiende a alguien que diga yo me alimento o trabajo porque me gusta, ya que todos tienen que alimentarse o trabajar les guste o no les guste. El hacer algo “por obligación” implica responsabilidad. Obviamente si ese “por obligación” va de la mano con el “gusto”, bien; pero si no es así, se podría decir “muy bien”.

          Es loable que una persona supere sus gustos o disgustos por cumplir sus obligaciones. Una persona así tiene todos los méritos del mundo.

          Para los que se llaman cristianos y creen que a la misa hay que asistir cuando les nazca del corazón o tengan ganas, no estaría mal que tomen en serio esta reflexión, y consideren que alimentarse del Cuerpo y Sangre de Cristo y su Palabra no es cuestión de ánimos o desánimos sino de obligación.

 

P. Víctor


01-LA COMUNICACIÓN EN EL HOGAR

          Uno de los problemas que afronta la familia en esta época es la falta de comunicación. Se habla mucho y se conversa de todo; se comunican hechos, ideas e información, pero a la vez, de nada trascendente.  Se habla de los hijos, de la película, de la distribución del dinero, de los horarios, de las reuniones sociales, del trabajo, de los estudios, de la universidad, de las tareas, y de tantas cosas, pero nada más. Esta puede ser la manera en que se relacione un grupo de personas que tan sólo se conocen, pero de ninguna manera puede ser el estilo de una familia, que por su misma naturaleza tiene que ir más allá del mero conocerse. A esto se suma las pocas veces y el poco tiempo que los miembros de la familia se ven en el día, y hasta en el trascurso de la semana por el trabajo o los estudios, lo que explica la tan conocida frase: “es que yo trabajo y no tengo tiempo”, o simplemente “no me alcanza el tiempo”. Agudiza la situación, y dígase de paso, los padres lo propician, el que cada uno tenga sus propios artefactos (DVD, equipos de sonido, televisores, computadora, etc.) en sus respectivos habitaciones. Esto, poco a poco, va convirtiendo al hogar en un pequeño hotel, donde cada uno tiene la llave de su habitación, y en ella lo que necesita para pasarla bien; y lo más grave, “pasarla bien” sin necesidad del otro. Los ambientes o días comunitarios, que unen a la familia, van desapareciendo del hogar, y los miembros de la misma se convierten en simples huéspedes.

          La comunicación es abrir el corazón ante la presencia de la otra persona. La comunicación es compartir lo que está dentro de cada uno, compartir la vida y sus vivencias; es transmitir necesidades, metas, aspiraciones,  sentimientos o emociones. La comunicación es transmitirse uno mismo, es dar a conocer lo que uno es.

          La persona que vive la comunicación es comprensiva, compasiva, generosa, siempre tiene tiempo para el otro; además, escucha con el corazón, no simplemente oye con los oídos.

Padres de familia, ustedes tienen una gran tarea en sus hogares. Cultiven el diálogo y la comunicación para que tu hogar vaya creciendo en el amor.

 

P. Víctor