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INSECTARIO

             El área de Sanidad Vegetal de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo me trae muchos recuerdos. En principio los profesores, tanto de Entomología como de Fitopatología. Les recuerdo con gozo. En Entomología a todos, y con más cercanía a los ingenieros Carbajal, Bravo, Ojeda, Antón, Saavedra y Ramos. En fitopatología a la ingeniero Aurea Díaz y al doctor Panizo. Difícil olvidar las gratas experiencias en el campo, por allá por Callanca y Monsefú, comiendo cebiche y tomando la rica chicha: “¡Qué momentos!”.  Cómo recordar el área sin el grupo de los siete, amigos inolvidables, en las buenas y en las malas. Y, los cursos de Entomología General, Agrícola, Control de Plagas, Fitopatología, etc., etc., ¡vaya que eran exigentes! El curso de Entomología General le recuerdo por algo que me gustó mucho, y lo sigo haciendo: coleccionar insectos. Es una gozada. Aún conservo el texto del ingeniero Ojeda, y me sirve de referencia en mi afición. Aquí en Chota, a donde voy suelo llevar algo para cazarlos. Esto lo tomo como un relajo.

 

           Hacer un insectario pareciera algo complicado, pero no. La cosa es sencilla. Les cuento lo que hago. Tan solo se necesita unos alfileres con cabeza de color, aunque estos no son los recomendados para estudios profesionales, para estos casos se necesitan los entomológicos, pero para aficionados bastan los primeros; un recipiente con alcohol que servirá para ahogar los insectos, tener presente que no todos pueden tratarse con alcohol, por ejemplo las mariposas o los dípteros; una botella de vidrio vacía para colocarlos mientras se van cazando, un pedazo de corcho que servirá para tenerlos momentáneamente cuando estén insertados por el alfiler, unas bolsas plásticas, una red a manera de cono y, me parece que no olvido nada, listo. Ah, y tener ganas de cazar insectos. Ojalá que los ecologistas no vean con malos ojos esta hermosa  práctica.

 

         Para las mariposas hay que tener mucho detalle pues se maltratan con facilidad. Es preferible cazarlas por la tarde, cuando el sol esta de caída, y ellas están posadas con las alas hacia atrás. En esa misma posición se colocan en sobres pequeños, de unos 10 cm2, para luego, en el lugar más adecuado, colocarles el alfiler en el dorso. Para evitarles dolor se usan cámaras letales a base de cianuro, pero su uso es peligroso, yo particularmente nunca uso. Más práctico es el trabajo con los coleópteros, muchos llamados escarabajos; a estos se les ahoga en alcohol y luego se les inserta el alfiler en la parte superior interna del ala derecha.  Y así, con los demás insectos. En el caso de los dípteros, más conocidos como “moscas” no se recomienda meterlas en alcohol porque se maltratan, se oscurecen y desfiguran; excepto la mosca de la fruta, esta mantiene sus características.

 

           La estética es necesaria en un insectario. La presentación de los insectos debe ser impecable. Los especímenes incompletos (que les falta patas, alas, antenas u otra extremidad) es preferible desecharlos. No olvidar de colocar el alfiler en el dorso del tórax, en todo el centro, excepto en los coleópteros como se indicó antes. Jamás colocar alfileres en el abdomen. El insecto disecado debe parecer vivo, las patas y las alas deben estar bien ubicadas, para ello debe arreglarse el insecto antes que tome rigidez, y se deben usar alfileres para ayudar a la buena posición. Es recomendable no colocar inmediato en la caja entomológica a los insectos recién tratados, allí deben colocarse al final, y distribuidos de forma simétrica. El fondo de la caja entomológica debe tener algo parecido al corcho y una cobertura blanca.

 

Bueno, gracias al Señor por haber permitido que estudie Agronomía. Es lo máximo.

 

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